sábado, 3 de octubre de 2015

Contra el reformismo, la subversión



  José María García Mauriño
Octubre 2015

Se puede decir que el reformismo consiste en el hecho de ver la explotación capitalista como un sistema que se puede reformar. ¿Tiene posibilidad de reformarse este Sistema? Cada día me impresiona más ver cómo la postura reformista va caracterizando a la mayoría de cristianos y cristianas que se dicen  de izquierdas. Los cristianos de base de Madrid se declararon Anti-sistema en junio de 2012. Me parece que una mentalidad reformista no tiene nada que ver con  el Cristianismo, sino que tiene mucho que ver con los intereses de las clases dominantes. El gran escándalo en el cristianismo es que prevalecen los intereses de la burguesía antes que los intereses del pueblo, de las clases populares. El cristianismo nació luchando contra el imperio romano, hoy debe luchar contra el aparato del estado burgués. La burguesía capitalista se opone a la liberación de los pobres y explotados, son destructores de la fraternidad y la justicia, engañan  al pueblo con sus discursos reformistas y con su apoliticismo. El reformismo es como un cáncer que es un mal que crece y se desarrolla independientemente de la voluntad del paciente. El reformismo ha crecido y desarrollado al margen del pensamiento crítico de cristianos y cristianas. Tal vez es la mentalidad de cristianos y cristianas de izquierdas más o menos progresistas. Si eres revolucionario, te quedas en reformista, pero si eres reformista te quedas en un vulgar conservadurismo. El reformismo intenta  modificar o reparar algunos aspectos del sistema, pero dejando intacto el sistema y siempre dentro del marco constitucional y por medios legales. Va a los efectos, no a las causas profundas. Pequeños cambios paulatinos y no transformadores para tratar de cambiar la sociedad, es lo que intenta el reformista. Ningún cambio profundo, ninguna aceleración. Es lo propio del pensamiento único, de lo políticamente correcto, hay que ser moderados, nada de radicales, nunca extremistas. Hay que saber pensar y decir las cosas “como Dios manda”. Es decir, como manda y se impone este orden establecido por  las clases dominantes. Frente al reformismo, la subversión. El revolucionario lucha contra el estado burgués, contra toda forma de capitalismo, contra el imperialismo y toda forma de opresión y explotación. El cristianismo es la religión de los pobres, de los explotados; los ricos, si quieren salvarse  no deben ser buenos ricos, sino dejar de ser ricos .El revolucionario debe combatir los dioses falsos del capitalismo: la propiedad privada, el capital, la democracia burguesa, la libertad burguesa, la sociedad del consumo. Así ocurre, que un buen número de creyentes creen que se pueden hacer reformas a este sistema capitalista con independencia de la mentalidad que se tenga o de  la clase a la que pertenece. Hay una opción por un tipo de humanismo cristiano que es una forma modernizada de la ideología liberal del capitalismo. En la práctica, hay una opción por una especie de reformismo que trata de humanizar la estructura existente del capitalismo. Un capitalismo distinto. Se considera que el capitalismo es deshumanizante, pero como el cristiano puede y debe  humanizar cualquier tipo de estructura, parecería legítimo se dedique a reformar el capitalismo. Pero todos y todas sabemos que otro capitalismo de rostro humano es imposible. Tal vez a los cristianos y cristianas sólo se les permite humanizar el llamado “socialismo” de algunas opciones políticas existentes, como el PSOE. Se invita a reformar cualquier sistema que sea, pero no de hacer una revolución pacífica o transformar al actual sistema capitalista. Se autoriza a los cristianos y cristianas  utilizar elementos del método de análisis marxista a condición de integrarlos en ese contexto humanista.

Es preciso ser subversivos, es decir, ver el mundo, ver la sociedad, desde abajo, tener una versión distinta a como suele verse la realidad. Galeano hablaba de poner las cosas “patas arriba”. Poner al sistema patas arriba significa que lo que está abajo, lo que toca el suelo, lo pongamos arriba, que sea vea, las patas del asiento caen abajo y lo que está abajo queremos ponerlo arriba. El sistema se asienta en la explotación de las mayorías, de la clase trabajadora, que están abajo en la escala social, están tocando el suelo.

La sociedad neocapitalista ha sido y sigue siendo legitimada a través de una ideología religiosa, el social-cristianismo. Es decir, la doctrina social de la Iglesia. Según los documentos sociales de la Iglesia, la sociedad queda configurada como una suma de individuos. Por tanto, lo primero que hay que hacer es llamar a la conciencia moral de los ciudadanos y ciudadanas en orden a cambiar la sociedad. Ese sería un cambio menor. El error está en considerar la sociedad como simple suma de individuos. Existe la tendencia en dicha doctrina a definir la sociedad como la suma de dos estratos o categorías sociales superpuesta, los ricos y los pobres, siempre estimados como individuos, dentro del colectivo, casi nunca como clases sociales antagónicas. Esto es muy importante, porque ello significa que aunque se hable de clases sociales no se consideran como tales porque no se las ve en relación estructural dialéctica, antagónica, sino, simplemente, como estratos superpuestos, como categorías sociales. De ahí que se concluya que el orden en una buena sociedad consiste en la colaboración de las clases y así construir una sociedad mas justa en la que cada ciudadano y cada ciudadana se mantenga dentro de las categorías sociales existentes.

La religión católica juega con fuerza un papel ideológico legitimando el orden establecido, esta sociedad establecida por este orden impuesto por las clases dominantes. No nos esforzamos, no nos preocupamos, de mirar el mundo desde abajo.  Nuestra mirada es superficial, vemos lo que está arriba, en la superficie, lo que se ve, no lo que se oculta. No se ve claramente el sufrimiento  y la estrechez del mundo de los empobrecidos. Lo vemos desde nuestra comodidad, desde esa “naturalidad” con la que se ven las cosas de siempre, sin preguntarse  qué es lo que se cuece allá abajo. Pero, existe otra óptica distinta para ver todo el mundo de  los “sub”: Es el mundo de los sub-desarrollados. No estamos en el sub-urbio, sino en la ciudad o a lo sumo en barrios periféricos. No  nos vemos, ni nos tratan como sub-ditos, sino como ciudadanos o ciudadanas. No estamos sub-ordinados a casi nadie, no somos sub-alternos. No estamos sub-empleados. Y podríamos seguir. El mundo de los “sub” es propio de los que viven en el sub-terráneo de la vida, es algo bastante desconocido, por eso no miramos el mundo desde esa situación, por eso, no somos sub-versivos. Nos conformamos con ser revolucionarios de salón Digámoslo claramente, la alternativa al capitalismo, no es el reformismo, sino la subversión, el talante revolucionario, el que trata de poner las cosas patas arriba, como nos decía Eduardo Galeano. La subversión es tener una mirada, una versión,  del mundo, de la sociedad, de la economía desde abajo, y actuar y comprometerse en coherencia con esa versión.
Desde el punto de vista cristiano, el Mensaje de Jesús no es reformista, es subversivo, es revolucionario. En el Evangelio de Lucas, en el interrogatorio ante Pilatos, las masas le gritan tratando de acusarle: “Este subvierte (algunos traducen “solivianta”) al pueblo enseñando por todo el  país empezando en Galilea”  (Lc.23,5). Jesús está por el cambio, no puede dejar las cosas como están, porque el mundo que él vivía era injusto: unos vivían muy bien a costa de otros que lo estaban pasando mal. El mismo Papa, recientemente en su viaje a Bolivia pronunció un discurso nada reformista, un mensaje bastante revolucionario en el que instaba a la gente a luchar creativa y organizadamente, desde abajo, desde su pobreza y explotación. Aseguraba que eran la esperanza contra ese sistema que ya no se aguanta. “Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de «las tres T»  (trabajo, techo, tierra) ¿De acuerdo? y también, en su participación protagónica en los grandes procesos de cambio, Cambios nacionales, cambios regionales y cambios mundiales. ¡No se achiquen!”. Hay que tener en cuenta que estas palabras las pronuncia el Papa desde el poder, como Papa, es decir, como Jefe de Estado, del Estado Vaticano, pero no como un sencillo cristiano de a pie..
Si efectivamente queremos construir una sociedad nueva, nuestra aportación a esa lucha tiene que ser cualitativamente distinta a la tenida hasta ahora. Intentamos aportar algo revolucionario, no religioso, distinto de esa imagen interesada del “ateismo”. Y dicen ellos que lo contrario al ateísmo es la práctica religiosa tradicional. Y lo contrario del ateísmo, esa ideología que dice no creer en Dios y que no tiene prácticas religiosas, nosotros decimos que es la fe en Jesús y la fe en el mensaje subversivo de Jesús. Lo opuesto al ateísmo, no está en los rituales religiosos. Insistimos en que lo opuesto al ateísmo, no es lo religioso, sino la igualdad de todos los SH, los derechos humanos, y la entrega a la causa de la vida de los pueblos y personas empobrecidas. La sociedad capitalista es fundamentalmente atea.


Para ser de verdad revolucionario, para pretender transformar la realidad debemos imaginar y elaborar una hoja de ruta lo más precisa y completa posible y hacer un gran esfuerzo para prever los posibles movimientos del enemigo buscando distintas alternativas. Ir al campo de batalla sin ser consciente de que se va a la guerra es un suicidio, una gran irresponsabilidad. Ir a la guerra sin preparar concienzudamente una estrategia es garantía de perderla. La democracia es mucho más que poder decidir, es también conocer bien todas las opciones y sus consecuencias en igualdad de condiciones. Siempre es imprescindible un amplio debate antes de que las urnas hablen.

sábado, 5 de septiembre de 2015

CRÍTICA A LOS OBISPOS, Y DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA



José María García Mauriño
Septiembre 2015

1.- Análisis inadecuado de la realidad:
Cuando hablan los obispos de la situación actual  nunca  parten de  la realidad, es decir, de esa tremenda injusticia y sangrante desigualdad social. Unos pocos ricos y una inmensa mayoría de pobres. Ese 1 % de los que viven bien o muy bien, frente al 99 % de la humanidad que vive mal o muy mal. El sufrimiento, la opresión y la violencia que sufren los pobres no son pura casualidad. A eso le llamamos lucha de clases. Se ha abierto una brecha tan asombrosa entre ricos y pobres, que ya es (y será) insalvable durante décadas y quizás siglos.Las muertes de emigrantes en el mar no es producto solo de las mafias No son errores independientes de la voluntad de algunos explotadores. Estas realidades responden a un  sistema  que se ha hecho global y que ya no se aguanta. Está castigando a la Tierra, a pueblos enteros y a las personas de un modo casi salvaje. Tienen causas concretas que los empobrecidos, la clase trabajadora, va conociendo cada día mejor. La profunda causa es el sistema capitalista, donde manda el dinero, la codicia y el poder para reprimir. Nos podemos hacer algunas preguntas: ¿acaso no puede haber otras causas inmediatas? ¿No será el precio de debilidades y búsqueda de alianzas de distintos partidos? ¿No será  la ceguera y falta de confianza entre la clase trabajadora que está cediendo a la presión de los poderosos y sus representantes políticos? Frente a la violencia permanente contra los empobrecidos  y frente a los recortes recientes, el silencio o la pasividad de la jerarquía, es cobardía o complicidad. No se trata de una situación de pobreza, producida por los mecanismos mercantiles de la economía, sino de una explotación del trabajo de los pobres, de los campesinos y campesinas, de los hombres del mar, de los parados, de las personas emigrantes, de la sangrante discriminación de las mujeres, etc. Hay que leer la realidad de la historia  desde esta óptica. La historia no es una realidad ante la cual se opta, sino en la cual toda persona antes que nada vive. La vida en sí misma es ya un compromiso. El cristiano y la cristiana están en la historia y, por tanto, participan, en mayor o menor grado, de su ideología de clase, de su análisis más o menos científico de la realidad, de una cosmovisión del mundo, con una visión filosófica o utópica determinada de la realidad. Estos son el hombre y la mujer históricos que buscan vivir el Evangelio. Es a partir de esa realidad que los seres humanos, seres históricos, podemos escuchar a Dios en la historia.

2.- Una Iglesia de los pobres;
Se dice en los documentos episcopales que la Iglesia se preocupa por todos, pero que está al servicio preferentemente por los pobres. “Una Iglesia al servicio de los pobres”, es el título de una pastoral de los obispos de la Iglesia de Madrid,  pidiendo perdón a los pobres por no haberse preocupado suficientemente de ellos. Abril 2015. Aquí se desconoce el hecho de que los ricos, los poderosos, son los que hacen pobres a los pobres y que estos no pueden liberarse sin luchar contra la explotación. No son pobres, sino que están “empobrecidos”, porque están siendo explotados. Es decir, existe un antagonismo en la sociedad, los pobres forman una clase social que está oprimida, explotada, y los ricos forman  otra clase social que oprime y explota. Es claro que no todos los ricos son explotadores., pero la clase social en su conjunto, sí. La Iglesia invita a que se conviertan los ricos y los pobres A  los ricos para que dejen de ser ricos, se liberen de su posición de dominación, y a los pobres para que se liberen de su condición de dominados y dependientes. La Iglesia, pues, está con todos según su necesidad de conversión que caracteriza cada grupo.

Pero, profundizando un poco en este problema, podemos ver que para ser fiel al Evangelio, la Iglesia tiene que ser la “Iglesia de los pobres”, como dice el papa Francisco. y  no una Iglesia al servicio de ellos. No una Iglesia “servidora de los pobres”, sino una comunidad de creyentes que lucha al lado y con los empobrecidos. Los empobrecidos no necesitan benefactores o servidores; ellos y ellas  merecen y quieren que se respete su dignidad, quieren ser cada vez más libres por sus propias fuerzas y con la compañía de los que realmente comparten sus luchas. Luchan tratando de despojar a los ricos de su poder, forjando ellos mismos su propia liberación, su propia dignidad. Esto es optar por los empobrecidos, no por principios y valores abstractos atribuidos al Evangelio, sino que optamos por la fraternidad, es decir, por la participación en la lucha de nuestros compañeros y compañeras que pasan hambre, que no tienen trabajo porque sus vidas dependen de  un trabajo precario, que apenas significa un  salario de subsistencia.

3.- Una opción a-política.
La jerarquía, en sus documentos, (a excepción de los que trata el papa Francisco) pretende iluminar los criterios para la opción política de los cristianos y cristianas, y no desea inclinarse hacia alguna opción determinada. Sin embargo, en sus documentos hay una opción por un tipo de humanismo cristiano que es una forma modernizada de la ideología liberal de capitalismo. En la práctica, hay una opción por una especie de reformismo que trata de humanizar la estructura existente del capitalismo. Un capitalismo de rostro humano. Se considera que el capitalismo es deshumanizante, pero como el cristiano puede y debe  humanizar cualquier tipo de estructura, parecería legítimo se dedique a reformar el capitalismo, pero sabemos que otro capitalismo es imposible. Tal vez a los cristianos y cristianas sólo se les permite humanizar el llamado “socialismo” de algunas opciones políticas existentes. Se invita a reformar cualquier sistema que sea, pero no de hacer una revolución pacífica o transformar al actual sistema capitalista. Se autoriza a los cristianos y cristianas  utilizar elementos del método de análisis marxista a condición de integrarlos en ese contexto humanista.

La Doctrina social de la Iglesia :
La doctrina social de la Iglesia, es eso, una doctrina, no una praxis de la Iglesia. Casi todo ese gran acerbo doctrinal está tomado de las encíclicas de los papas. Es, pues un pensamiento jerárquico, no de toda la Iglesia. Los laicos están excluidos, no elaboran ninguna doctrina. Existe una división vergonzosa que establece la institución: el clero, es decir, el papa, los obispos y los curas, forman la Iglesia docente, los que enseñan. Los laicos son la Iglesia discente, los que aprenden. Este paradigma va en contra de la igualdad y fraternidad.  Todos y todas tenemos algo que enseñar y todos y todas tenemos mucho que aprender.  Cuando esta doctrina afronta el problema de los pueblos empobrecidos parte de un planteamiento individual, no estructural de la pobreza. Porque la jerarquía siempre ha estado muy vinculada con la estructura capitalista que es la que produce la pobreza. Según los documentos sociales de la Iglesia, la sociedad queda configurada como una suma de individuos. Por tanto, lo primero que hay que hacer es llamar a la conciencia moral de los ciudadanos y ciudadanas en orden a cambiar la sociedad. Ese sería un cambio menor. El error está en considerar la sociedad como simple suma de individuos. Existe la tendencia en dicha doctrina a definir la sociedad como la suma de dos estratos o categorías sociales superpuesta, los ricos y los pobres, siempre estimados como individuos, dentro del colectivo, casi nunca como clases sociales antagónicas. Esto es muy importante, porque ello significa que aunque se hable de clases sociales no se consideran como tales porque no se las ve en relación estructural dialéctica, antagónica, sino, simplemente, como estratos superpuestos, como categorías sociales. De ahí que se concluya que el orden en una buena sociedad consiste en la colaboración de las clases y así construir una sociedad mas justa en la que cada ciudadano y cada ciudadana se mantenga dentro de las categorías sociales existentes.

La DSI tiene documentos muy importantes que han marcado épocas históricas, como la “Rerum novarum” de Leon XIII  en 1891, que es la primera vez que se defienden los derechos de los obreros. Y el papa es tildado de  “papa rojo”. O, en 1965 a raíz del concilio Vaticano II con la Gaudium et Spes que afirmaba la autonomía de lo temporal. Y en la actualidad, 2015, adquiere especial importancia la encíclica “Laudato Si” del Papa Francisco, que junto con su histórico discurso en Bolivia, suponen una denuncia muy importante del capitalismo. Forman parte también de la doctrina social de la Iglesia. Estas doctrinas poseen una serie de principios y valores muy a tener en cuenta, como puede ser la primacía del ser humano, la dignidad de la persona, la política por encima de la economía, el destino común de toda clase de bienes, el principio de subsidiariedad, el trabajo por encima del capital, la primacía del bien común como criterio de gobierno, etc, Estos principios por sí mismos son abstractos y por tanto inoperantes, si no se aplican a la realidad de la historia. Por ejemplo, cuando hablan de la pobreza, y de los pobres, no habla de la explotación de los trabajadores y trabajadoras, cuando menciona la lacra de la corrupción no la atribuye al sistema capitalista, sino que la considera un “mal moral”, cuando defiende a los emigrantes, no acude a la realidad histórica del colonialismo, de las guerras producidas por el sistema,  de la miseria a la que han sometido a sus pueblos, y que les empuja a salir fuera de sus fronteras, sino a la necesaria “acogida” humanitaria de los países de referencia. No suelen citar casi nunca r la declaración universal de los Derechos Humanos.

4.-La fe cristiana no es una ideología neo-capitalista

Los documentos de la DSI aportan una serie de valores  que se consideran como cristianos o evangélicos que ha servido para legitimar el capitalismo, el neoliberalismo imperante. Estos, pueden ser: igualdad de oportunidades, iniciativa creadora, ser emprendedores, indignación,  pluralismo político, libertad de pensamiento y expresión, dignidad y libertad, solidaridad, socialización, participación en bienes y actividades, etc. Son lemas utilizados para esconder la desigualdad social, económica, política, y la falta de libertad que está sufriendo el pueblo, las clases populares. Afirma la primacía del individuo, nunca lo del colectivo, o lo público. La jerarquía siempre manifiesta una vinculación inconsciente con la ideología de la clase dominante. El camino para definir los valores éticos o evangélicos,  no es el por el camino de la abstracción, sino por la senda del pensamiento crítico. Esta actitud de revisión crítica es lo que puede unir a los creyentes, y no esa supuesta neutralidad evangélica que no existe.

sábado, 4 de julio de 2015

DERECHO A LA PROPIEDAD PRIVADA



José María García Mauriño
6 de Julio de 2015

Análisis del derecho de PROPIEDAD PRIVADA el “ius utendi et abutendi”
Derecho de propiedad privada ha sido definido así: “El derecho de propiedad privada.es el poder de usar o de abusar de cualquier cosa en la medida que lo permite el derecho civil” "Ius ac potestas re quapiam tum utendi, tum abutendi, quatenus iure civili permittitur". Definición de Hotman jurista italiano del s.XVI. Esta definición ha sido adoptada posteriormente por las estructuras jurídicas.

La naturaleza produce constantemene un serie de bines, cuya propiedad es común para todos los hombres y mujeres del mundo, son bienes universales. Por otra parte, existe una serie de bienes que son  necesarios para vivir todo Ser Humano. Y cada uno, cada una, toma de ese acerbo común lo que necesita para vivir. Es el valor de uso. Si no tiene esos bienes, si no los puede tener, peligra su vida o se muere. Poseer esos bienes en régimen de propiedad privada, es decir,  de poder usarlos para vivir, es cuestión de vida o muerte, en eso consiste el  Derecho de propiedad privada. El valor de uso, de un uso sobrio de esos bienes, se puede decir, que es de derecho natural. Estimo que estos bienes son de derecho natural, porque son necesarios para mantener la vida humana, son  propios de la misma naturaleza humana. Los bienes superfluos, los que no son necesarios, no son de  derecho natural. Y esos bienes necesarios se pueden resumir en estos 5: trabajo, alimentación, vivienda, salud y cultura. La carencia de estos bienes hace casi imposible una vida humana, una vida de cierta calidad humana.

Esos bienes necesarios son “míos” porque uso de ellos para satisfacer mis necesidades básicas, me los apropio, pasan a ser propiedad privada. Una vez cubiertas esas necesidades, esos otros bienes que me sobran, son bienes superfluos, ya no son míos, no me pertenecen, son propiedad del común, de todos aquellos seres humanos que todavía no han cubierto sus necesidades básicas, es decir, de los que pasan hambre, los que no tienen techo, los  que aun no saben leer y escribir, los que no tienen médicos ni medicinas, etc. Entonces, tengo el deber, la obligación moral, de devolver lo que no es mío, de lo que me he apropiado indebidamente. Ya no es un “uso” de los bienes, sino un “abuso”. Al mismo tiempo que tengo el poder de usar de esos bienes necesarios, tengo el poder de abusar de unos bienes que ya no me pertenecen porque son superfluos. Es el “ius abutendi”. Y lo que es un abuso, ya no es ético. 

Evidentemente, tengo derecho a usar de los bienes superfluos a condición de devolver su coste al Tercer mundo. Si me gasto 3.000 € en una viaje de recreo debería devolver esa misma cantidad 3.000 € a los necesitados del Tercer mundo. Entonces, ya no sería un abuso sino un disfrute compartido, correcto, solidario, justo, Cuando me apropio de algo que no es mío, es un robo, y lo tengo que devolver. El quedarse con esos bienes, ya no entraría dentro del derecho de propiedad privada. En ese sentido no hay que “dar” al pobre cosas que necesita, eso es un tranquilizante de conciencia, sino devolverle lo que es suyo porque le pertenece y nosotros se lo hemos quitado. El pobre es un “robado”, entre todos y todas le hemos quitado bienes básicos que le pertenecen y se encuentra metido en unas estructuras de pobreza y desigualdad que apenas le dejan espacio para sobrevivir.

Es necesario tener una casa para vivir, por eso se llama vivienda. Y eso es de derecho natural  porque uso de ella para vivir, sea en régimen de propiedad o de alquiler. El Capitalismo. promueve y prefiere el régimen de propiedad al régimen de alquiler, y se llega a la ”burbuja inmobiliaria”. El  Capitalismo  controla perfectamente las propiedades inmobiliarias Pero, tener varias casas, pìsos o viviendas, como un chalet en la sierra o un apartamento en la playa, no es de   derecho natural.  No las tengo para vivir, sino para invertir, o para disfrutar. No solo tienen un valor de uso sino que además tienen un valor de cambio. Tienen un precio. Pueden ser un aval para pedir un  préstamo al banco. Es lo propio del  Capitalismo  que favorece no sólo el uso sino el abuso de propiedades. Ya no son bienes necesarios, sino bienes superfluos. Abusa, porque acumula casa sobre casa. Y el Capitalismo a fuerza de acumular, va despojando a otros del derecho natural de tener bienes necesarios, como es tener una vivienda, un sitio para vivir. Unos pocos abundan en casas y hay otros muchísimos que carecen de vivienda. El tener varias casas no es una  necesidad, es un lujo. Son bienes superfluos, lo mismo que viajes de turismo, de recreo, compras de artículos caros, inversiones beneficiosas, espectáculos, fiestas, comidas, trajes, vestidos, etc. Suponen un volumen de gastos que exceden con mucho los bienes necesarios. No se necesita tanto para vivir, sino para comodidad, o para disfrute, Mi comodidad o disfrute se basa entonces en negar bienes básicos  a la mayoría. No es problema individual, no es asunto estrictamente personal: “con mis bienes hago lo que me da la gana”. Es un tema estructural. El   Capitalismo ampara y protege la propiedad privada lo mismo el “ius utendi” [de los bienes necesarios] que el “ius abutendi” [de los bienes superfluos] , como uno de los pilares de la acumulación incesante de beneficios. El Capitalismo  ha hecho de los bienes superfluos, bienes necesarios, ha creado la sociedad del consumo para enriquecimiento de unos pocos. Lo público, lo que es de todos y de todas, incluidas las generaciones futuras, es siempre prioritario sobre lo particular y lo privado 

La propiedad privada es un  invento del Capitalismo para poder dominar, no para poder vivir. Recordemos que los bienes de la Tierra son patrimonio de la humanidad para vivir, como son el agua, la tierra, los minerales, el aire, etc .no pueden ser propiedad de nadie, son para uso y disfrute de todos los Seres Humanos junto con el Planeta. El Capitalismo ha creado una conciencia individualista que no mira a su entorno, ha promovido una mentalidad sumisa.  Para el Capitalismo, la propiedad privada es sagrada, algo divino y eso no se toca. Es un concepto de propiedad privada que solo beneficia a unos pocos en contra de la mayoría.  Los que se atreven a tocarla son malos, son populistas, son comunistas.

Algunos que disfrutan de propiedades superfluas, tienen una mentalidad capitalista, no quieren devolver nada, porque  consideran que no han quitado nada a nadie, todo es suyo y con lo suyo hace lo que le viene en gana. Devolver significa de alguna manera empobrecerse, quedarse con menos, y eso no se puede tolerar. Lo que hay que hacer es elevar el nivel de los pobres, de los que no tienen.  Sí, de acuerdo, pero que no me toquen el bolsillo, la propiedad privada es sagrada. Eso es cuestión del Estado que reparte muy mal, o no reparte nada. Se olvida que la posesión de bienes si son universalizables, es decir, si pueden ser de uso para todos los Seres Humanos,  son éticos, de lo contrario, van en contra de valores éticos fundamentales, como pueden ser la justicia, la libertad, o la paz. No todos los Seres Humanos del planeta pueden alcanzar el grado de desarrollo tecnológico que tenemos en Occidente, se hundiría el Planeta. Para que la inmensa mayoría de la humanidad pueda sencillamente vivir, es preciso que todos y todas vivamos con sencillez, es decir, sin abusar de los bienes comunes que nos corresponden. Eso decía Ghandi. No sería ético que me comprara un “Ferrari” que cuesta 45 millones de €, porque no es universalizable, me puedo comprar un coche más modesto que de hecho está más extendido a todos y todas. Lo que no es universalizable es tener al mismo tiempo, lavadora, coche, microondas, nevera, ordenador, móvil,  lavavajillas, licuadora, etc. y que todo el mundo tenga lo mismo que tengo yo.¿Es eso elevar el nivel de los pobres? Eso no es exportable a toda la humanidad. Y se puede vivir sin muchas de esas cosas y de hecho se vive mejor.


Todas estas reflexiones son muy actuales, de este mes de Julio de 2015, pero no son nuevas. Ya lo decía un sabio del siglo XIII llamado Tomás de Aquino en la suma teológica 1-2 q.94 a.5 ad 3, y 2-2, q.57, a.3). Es la doctrina más ortodoxa que existe sobre la propiedad privada., aunque parezca revolucionario. Lo que puede ser más moderno es la definición del siglo XVI, de Hotman, pero el contenido es el mismo. A Tomás de Aquino le hacemos caso cuando nos conviene, y cuando toca nuestro bolsillo se nos olvida completamente.



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martes, 9 de junio de 2015

¿Es posible una democracia en este Planeta?



José María García Mauriño
11 de Junio de 2015

La pregunta no es retórica porque lo mismo la Democracia que el Planeta están atravesados por este Capitalismo neoliberal. Democracia y capitalismo son incompatibles, pues mientras una se basa en la igualdad de todos los ciudadanos y ciudadanas sin distinciones, el capitalismo prioriza el dominio de unos pocos poseedores de dinero y de poder, sobre la inmensa mayoría. Hoy, tampoco se podría entender un planteamiento democrático sin  poner de manifiesto la situación del planeta. El capitalismo también ha destrozado el planeta
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Hemos destruido casi la mitad de los grandes bosques de la tierra, los pulmones del Planeta. Cada año se tala un área boscosa mayor que Bangladesh. Hemos soltado a la atmósfera cantidades inmensas de dióxido de carbono y de otros gases de efecto invernadero, iniciando un peligroso ciclo de calentamiento global y de inestabilidad del clima. La Tierra tiene ahora una temperatura entre 5º y 7º C superior a la de la última glaciación. Hemos provocado un gigantesco agujero en la capa de ozono, la piel protectora del Planeta, que filtra  una peligrosa radiación ultravioleta.

 Hace ya bastante tiempo que este capitalismo ha  superado los límites del planeta, los límites de la biocapacidad que tiene la tierra. Y ahora mismo,  tanto por el declive de la energía y los  minerales como por el cambio climático, podemos estar entrando ya en una situación de colapso planetario. No se trata de una hipótesis lejana o de futuro, es ya el presente. Se trata del colapso en el funcionamiento de los ecosistemas, en los servicios que presta el planeta y que son absolutamente imprescindibles para que podamos existir como especie. Estamos en una crisis ecológica brutal que obliga a frenar con urgencia el modelo económico capitalista y el despilfarro y a abordar un plan de rescate planetario. 

El decrecimiento material de la economía (me refiero al uso de energía y de generación de residuos) es un dato, no se trata de  una opción ética que tengamos algunos. Y este dato nos lleva a dos formas de afrontarlo. Una, la deseable, que consiste en una reducción planificada y democrática de la esfera material de la economía y a un reparto de la riqueza entre todos y todas, porque el  buen uso de los recursos naturales limitados en una sociedad justa debe tener un carácter normativo. Lo que significa poner freno y techo a quien consume más de lo que le corresponde porque impide que otros no lleguen a lo básicamente necesario.

La otra vía, la que se está dando actualmente, es la más irracional. Consiste en el decrecimiento de lo material de forma desigual y antidemocrática de forma que quienes tienen poder económico, político y militar siguen  manteniendo su nivel de vida a costa de dejar fuera a la mayoría de la gente. Estamos inmersos en un capitalismo que no es, en definitiva, productor de bienes y servicios de forma respetuosa para con la naturaleza, sino en un sistema explotador que está exprimiendo la vida como se le saca a un  limón la última gota. Se trata de una forma de capitalismo que agota la tierra y expulsa a la gente.

Ser demócrata, por tanto, significa respeto a la igualdad básica de todos los ciudadanos y ciudadanas, y respeto fundamental con el Planeta, para no explotarlo sino colaborar con él para poder vivir en perfecta armonía con la rica biodiversidad de la tierra.

Dentro de estas coordenadas históricas hemos celebrado unas elecciones municipales y autonómicas el 24 de Mayo de 2015 como correspondía al calendario político. Hemos participado la  mayoría de la gente, cada cual a su estilo, en  medio de una estructura sociopolítica conflictiva. Se trata de la dialéctica entre el sistema capitalista de dominación en  pocas manos, y el respeto a las decisiones de las personas propio de la democracia. Se produce una gran tensión entre los intereses del capital y los intereses de la ciudadanía, entre el beneficio y el lucro personal y los intereses de la sociedad. En este modelo económico no cuentan las personas. Y si no cuentan las personas, no hay democracia. Mientras el poder político no logre controlar democráticamente al poder económico no puede haber democracia. Hoy mucha gente tiene interiorizado que democracia es votar cada cuatro años. Se cree que basta con sumar voluntades individuales para llegar a soluciones democráticas. Pero esto no es democracia, la democracia es mucho más. Vivimos en un planeta con recursos limitados, finitos. Y en un entorno así, finito, limitado, la única manera de poder resolver colectivamente los anhelos de todas las personas es la deliberación y la adopción de un punto de vista en común,  que necesariamente supondrá a veces límites para algunos deseos. Entonces, esa idea de democracia, reducida a la mera suma, a la mera mayoría,  y que está además construída sobre una idea muy liberal de libertad, se compagina muy mal  con el hecho de que se tenga que construir sobre un territorio con recursos limitados, finitos,  que hay que repartir entre todas las personas. Aquí tenemos un problema de déficit democrático, pero también de supremacía cultural. Al final, la gran conquista del capitalismo ha sido no solo la de hacerse con el poder económico y el poder político, sino la de hacerse, además, con las distintas formas que tiene la gentede ver el mundo, la sociedad Lo que lleva a una reducción del sujeto antropológico casi a sujeto contable en lo económico y en lo político.

 Por otra parte, las elecciones reflejan una contradicción muy humana: un deseo de cambio y un miedo al cambio. Son tiempos apasionantes, pero también difíciles, porque cuando las cosas cambian hay un momento en el que lo nuevo no aparece del todo y lo viejo no acaba de desaparecer. Es un tópico muy difundido, pero no se puede negar que esto es lo que está pasando y que produce incertidumbres. Mucha gente de mi generación, por ejemplo, piensa que le gustaría poder vivir lo suficiente para ver en qué acaba todo esto. Son muchísimas las cosas que están cambiando: el avance de la globalización, las tecnologías de la información, el uso por parte de las generaciones más jóvenes de las TIC (Técnicas de Información de la Comunicación), las nuevas conductas sociales… Es un escenario muy nuevo, con algunas fuerzas que resultan difíciles de controlar. Hablo por ejemplo de la influencia enorme de las multinacionales, del capital financiero… Un escenario tan cambiante incluso apabulla y llegas preguntarte si es posible meter todo eso en un solo saco y sacar conclusiones útiles. Pero en eso estamos los sociólogos, en intentar poner un poco de razón en todo eso, aunque no es fácil. Palabra no falta. Información y análisis hay muchísimos, y cada vez más. Que si blogs, que si Twitter El problema es que entre toda esa palabrería existe falta de orden. No acabamos de analizar bien lo que ocurre, de transmitirlo de una forma adecuada o de emitir un diagnóstico correcto. Y como sociedad resulta fundamental tener un diagnóstico. Hay una frase de un psicólogo americano, Kurt Lewin, que me gusta mucho y que dice que "no hay nada más práctico que una buena teoría". Cierto, se necesita saber lo que está ocurriendo para poder actuar en consecuencia. Muchas veces se minusvalora lo teórico, pero la realidad es que sin una buena teoría lo único que haces es dar palos de ciego.

Cuando ahora mismo vemos las nuevas plataformas emergentes tipo Podemos y las diferentes construcciones de Ganemos, Ahora Madrid, Barcelona en común, etc. se empieza a instalar la idea de que basta con cambiar a gobernantes corruptos por otros que no lo son para que podamos darle la vuelta al sistema. Lo importante es no es qué partido político o qué coalición nos gobierna, sino qué clase social está en el poder. Se trata de la lucha de clases: el 10 % de los hogares más ricos  ha aumentado su patrimonio en  un Billón de €, de 2002 a 2011,según datos del Banco de España. A veces tengo la  sensación de que,  ante la corrupción y las políticas de austericidio, se interioriza fácilmente la idea de que, si llega otra gente diferente al poder,  el cambio será fácil y casi inmediato. Las cosas son más complicadas.

Pero nos encontramos con problemas estructurales que son gravísimos. Por un lado, hay una concentración brutal del poder económico y también de poder político. Y, por otro lado,  hay problemas muy serios que políticamente se silencian —como la crisis energética, de minerales y el propio cambio climático— y que te hacen pensar que la humanidad, quiera o no quiera,  va a tener que vivir con menos energía y menos recursos  en el futuro. La redistribución de la riqueza, asunto central en una democracia, va a necesitar mucha voluntad política y mucha lucha de clase.  

Cuando pensamos en las transformaciones estructurales que se necesitan para cambiar el sistema, con frecuencia nos parece que las muchas iniciativas de economía social y solidaria que se están poniendo en marcha son cosas insignificantes. Sin embargo, a mí me parece que estamos claramente  en un terreno de disputa de la supremacía económica. Es muy significativo que estén creciendo considerablemente en todo el Estado cooperativas de trabajo — enmarcadas dentro de la economía social y solidaria—, redes y estructuras de finanzas alternativas, grupos de consumidores que se articulan y practican una especie de desobediencia civil a la hora de saltarse muchas de  las normativas que les impiden acceder a los productores de forma directa. Es impresionante cómo han ido creciendo esas iniciativas durante todo el periodo de la crisis cómo se ha organizado, por ejemplo,  el mercado social de Madrid,  cómo se ha extendido de forma importante la red de economía solidaria alternativa. Las ferias a nivel estatal y local  están siendo espectaculares.

Si durante largo tiempo tuvimos que oír a tertulianos de distinta índole acusar al 15M de radical, de ser antisistema y “perrofláutico”, diciendo aquello de que “si queréis hacer política formad un partido”, como si la política se limitara a hacer política partidista, sin entender o no querer entender absolutamente nada de lo que significó ese “levantamiento popular” indignado; ahora, las peores pesadillas del establishment se han hecho realidad. El discurso en contra de la supremacía del Estado levantado en aquel momento en múltiples plazas, capaz de dibujar unas nuevas expectativas colectivas. Este discurso mostró sin rodeos el vínculo entre crisis económica y secuestro político y que conectó, como nunca antes, con una mayoría social golpeada por tres largos años de recortes, asalta hoy las instituciones, desbordando los límites de lo posible que nos habían impuesto.

No se trataba, como decían algunos coaligarnos todos en un partido único, y hacer más de lo mismo, sino de levantar nuevos instrumentos políticos, metodologías, confluencias, procesos que permitieran trasladar esa indignación de la calle a las instituciones. Convertir la mayoría social azotada por la crisis en mayoría política. Sin olvidar que todo proceso de cambio real vendrá de la toma de conciencia colectiva, la organización popular y la movilización sostenida. Esto va a venir de abajo, no de las altas esferas.. En definitiva, ocupar las instituciones, como antes se habían ocupado las plazas, para ponerlas al servicio de los “nadie”, de los de abajo, de los excluidos. Y eso es lo que se está empezando a hacer ahora.

 Y dicen algunos: "más vale malo conocido que bueno por conocer". Lo malo es la corrupción, lo malo son las puertas giratorias, lo malo es el robo tremendo perpetrado a golpe de ley, porque todo es legal. Por eso, se necesita el cambio, pero hay mucho miedo al cambio. Mucho miedo a lo nuevo, a un cambio que es algo distinto, a estrenar, que no es lo de siempre, y eso asusta mucho a la gente. Se creen algunos o algunas que si viene Podemos le van a quitar su chalé en  la playa o el apartamento en la Manga. Hay mucho descontento, mucho deseo de cambio, pero también mucha resistencia a cambiar, mucha ilusión por parte de algunos y algunas y también bastante escepticismo por parte de una gran parte de la ciudadanía. Sin embargo, las urnas han  igualado el camino. Todos somos iguales ante las urnas: una persona un voto. Vele igual el voto de la directora del Banco de Santander, que el voto de una campesina que recoge la cosecha del arroz. Da igual que tenga mucho poder político que no lo tenga, El voto del Sr. Rajoy vale lo miso ante las urnas que el muchacho indignado de un grupo del 15M. Vale lo mismo el voto del empresario que el voto del trabajador/a a su cargo .Todos y todas nos igualamos ante las urnas.

¿Qué es lo que ha pasado?  
Que ha empezado a haber un cambio: Ese famoso “sí se puede” que durante meses retumbó en plazas y calles después de una imborrable Primavera Indignada del 2011, llega ahora con Podemos como un terremoto a las instituciones, algo inimaginable entonces. La victoria en Cataluña con Ada Colau al frente de “Barcelona en Comú, y la plataforma Ahora Madrid con Manuela Carmena, al menos en  estas dos capitales, han hecho saltar por los aires el tablero político.

Ha habido un cambio porque ha quedado muy debilitado el llamado bipartidismo, aunque no se ha ido del todo. Ya no hay alternancia en el poder. Notable descenso de votos en los dos partidos que se han repartido el poder durante años. Serán otros los partidos o coaliciones los que tomen el relevo. Pero teniendo muy claro que el mero cambio de personas o de siglas no significa cambio de las políticas llevada s cabo anteriormente. El  sistema permanece más o menos intacto. Si hay cambio, no hay estabilidad, y si percibimos que sigue habiendo una cierta están ahoraestabilidad, es que el cambio es tan ténue que apenas se nota. Las alianzas entre partidos  no se pueden tomar como un  juego de siglas, de sumas aritméticas, como si fuera un  puzzle en el que tienen que encajar bien las piezas para que el tablero político sea decente. Ninguno tiene que quedar fuera de juego, ninguno tiene que salirse por no encajar, todos tienen que estar presentes, todos tienen que participar en  el juego El sistema tiene que funcionar, la democracia continúa su nueva singladura. Y todos tan contentos. ¿Es esto lo que se pretende?  ¿O lo que queremos es una nueva manera de gobernar, de preocuparse por el bien común, que ningún ciudadano o ciudadana pueda quedar desprotegido?

Los resultados:
Los resultados de esta contienda electoral rompen los esquemas de la política tal como la conocíamos desde la transición. El tablero ya no es cosa de dos, del PP y del PSOE. Y la entrada de los “sin voz”, de los precarios, los desahuciados, los parados…, en definitiva de los que están fuera, los que sobran, se colocan al frente del ayuntamiento de Barcelona. Se  demuestra que se puede ganar y que todo es posible. Es el momento de llevar a la práctica esa famosa consigna de “mandar obedeciendo”. Pero, la senda del cambio en mayúsculas no será fácil. La presión del establishment, desde sus lobbies económicos a su maquinaria mediática, ya la estamos viendo. Las trabas y las descalificaciones, son múltiples. La responsabilidad, así como la oportunidad, es enorme.

Hoy, vivimos un momento histórico. Han pasado cuatro años desde que en las plazas se gritaba: “No nos representan”. Tras el terremoto político de estas elecciones una nueva consigna se impone: “Sí nos representan”. En Catalunya, las elecciones al Parlament son el próximo asalto. En Madrid, el Congreso de los Diputados que se prepare. Como decía Ada Colau en esta histórica noche electoral: “Esto es una revolución imparable”.

Ojalá sea verdad. Porque parece que en este intento de establecer alianzas, los partidos se han olvidado de la ciudadanía. Se  juntan unos líderes con otros, Pablo Iglesias con Pedro Sánchez, el de Ciudadanos con otros,  y tratan de ver quien es el más votado para elegir el alcalde de turno o el presidente de la CA. El alcalde nos lo dan elegido los secretarios generales, no los ciudadanos o ciudadanas. ¿Otra vez sigue la rueda de la Democracia establecida? ¿Ya no es el poder popular el que toma decisiones? ¿Ya no tratan de cambiar la ley electoral? Teníamos una cierta esperanza. Pero a la primera de cambio todo sigue casi igual. No hay por qué asustarse.

¿Llegaremos a una democratización de la vida política? Esta no es ni más ni menos que (además de democratizar las instituciones representativas desde los partidos políticos hasta la ley electoral), introducir formas de democracia directa, como referéndums vinculantes, a nivel local, comarcal, regional y nacional, además de estatal. En otras palabras, el derecho a decidir (no solo cada cuatro años a través de la vía representativa) en todas las áreas, tanto políticas como económicas y sociales, además de las territoriales, debe implementarse ya, ahora, a través de referéndums vinculantes. Esta medida es urgente y necesaria. Es una enorme limitación de la democracia restringir esta a votar solo cada cuatro años.

Tal democratización requiere también la democratización de los medios de información (tanto públicos como privados), estableciendo una diversidad ideológica hoy inexistente. La información responde a un modelo capitalista de consumo que provoca que las noticias sufran un tratamiento tan rápido que no permite la reflexión o la interiorización necesarias para poder dar una respuesta crítica. La instrumentalización de TV3 y Catalunya Ràdio en democratización de la vida política, que no es ni más ni menos que, introducir formas de democracia directa, como referéndums vinculantes, a nivel local, comarcal, regional y nacional, además de estatal. En otras palabras, el derecho a decidir (no solo cada cuatro años a través de la vía representativa) en todas las áreas tanto políticas como económicas y sociales, además de las territoriales, debe implementarse ya, ahora, a través de referéndums vinculantes. Esta medida es urgente y necesaria. Es una enorme limitación de la democracia restringir esta a votar solo cada cuatro años. Lo ocurrido estos años de Gran Recesión muestra las limitaciones del sistema democrático actual.

¿Qué es lo que nos queda?  Una  Satisfacción insatisfactoria.

Examen de algunos partidos:

A) Podemos no se ha presentado en ninguna plataforma con su marca. Ha apoyado otras plataformas como la de Barcelona en Común  o la de Ahora Madrid. En el caso de PODEMOS seguramente, esperaba más si miramos lo que decía durante la campaña. En esta satisfacción insuficiente pueden haber pesado factores negativos y positivos.

Entre los primeros está el pequeño escándalo Monedero que (aunque leve en comparación con los casos de corrupción) no fue explicado satisfactoriamente y fue magnificado por los medios de comunicación, en comparación con los otros. Además, los pequeños roces entre ellos, aunque son normales y comprensibles entre los humanos, constituyen también una carnaza para los medios que ganan audiencia presentando peleas.

Y en positivo (muy positivo en mi opinión) está la modesta financiación de una campaña electoral para la que el PP contaba con veinte millones y medio de € (cuando, para sanidad o cultura, no había un céntimo más ...); el PSOE con casi 8 millones y PODEMOS con sólo un millón que, además, no provenía de créditos bancarios. Esto por sí solo me parece muy digno de aplauso.
B) - Sin democracia no hay progreso Algo parecido se puede decir de UPyD, tan necesitada ahora de una respiración artificial. Este partido creo que tiene el mérito de ser el que ha puesto más denuncias eficaces en casos de corrupción. Es bueno saber también que su presupuesto electoral eran sólo 185,000 €: una miseria en comparación con los millones del PP. Todo esto es positivo. Pero en negativo creo que ha pesado el carácter autoritario y poco dialogante de Rosa Díez que pretende hacer política con el lema de "quien no está conmigo está contra mí".
C) Izquierda Unida es un partido que inspira temor a muchos por las razones que ahora diré. Quizás antaño compensaba ese miedo por la categoría de algunos líderes (Anguita, G. Iglesias, Llamazares) que, en mi opinión, están entre los políticos más honestos y con más carisma que ha tenido nuestra democracia. Pero hoy creo que adolece de una falta de liderazgo entusiasmante. Lo cual, unido al "tsunami bipartidista", a ciertas rencillas interna de última hora y, quizás, al hecho de haber pactado con el PP en Extremadura, les ha pasado factura.

D) El PSOE, tanto decir que representa el cambio por la izquierda que él mismo no se lo cree. Se le puede aplicar ese refrán: “Dime de qué presumes y re diré de lo que careces”.Sigue su trayectoria neoliberal.

 Y seguiremos teniendo  miedo ¿por qué?
Este punto me parece fundamental en mi reflexión. Hoy ya ha bajado la bolsa (y en España creo que más que en otros lugares) y este dato me ha hecho recordar una frase indignante de Milton Friedman: "todo lo que se hace para ayudar a los pobres, acaba perjudicándoles". La frase es de un cinismo indignante, porque Friedman la presentaba como una ley física de nuestra naturaleza, tan mecánica como la gravedad o la velocidad de la luz. Pero tiene su punto de verdad que debe obligarnos a reflexionar: porque quien manda en el mundo no son los políticos, sino las multinacionales y los Bancos; y estos no tolerarán que se haga política en favor de los pobres. El enemigo no es el PP, ni la forma de gobierno de los dirigentes del PP, el verdadero enemigo es este Capitalismo rampante que todo lo abarca, todo lo domina.

Pero sin democracia económica no puede haber democracia política. Por mucho que presumamos de ella y hasta queramos exportarla o imponerla a otros, nuestra democracia se parece mucho a aquello que nuestro último dictador llamó democracia "orgánica". No sé qué quería decir con ello (quizá en América Latina habrían dicho simplemente "pelotuda"). Pero está claro que era un intento de lavarse la cara y dar un nombre bonito a una realidad que no lo merecía. Éste me parece el punto sobre el que más deberíamos reflexionar.

Y es claro también que si Podemos niega su apoyo al PSOE será acusado de "traicionar a la izquierda" por parte de quienes aún piensan que el bipartidismo supone una confrontación derecha- izquierda y no la alternancia de dos grupos que, en lo esencial, defienden los mismos intereses.  Si se impone la opción de convertir la partida actualmente a dos (PP-PSOE) en un juego también a dos aunque en parejas (PP-Ciudadanos por una parte y PSOE-Podemos por otra) ello reflejará que ha ganado el alma reformista y Podemos se convertirá en una especie de IU bis.¿Sería otra manera distinta de realizar el bipartidismo? El dilema es aceptar la lógica del juego político existente, convirtiéndose en un jugador más con mayor o menor grado de influencia según sea su cuota de poder, o ser el medio de transmisión de la voz de los movimientos sociales alternativos y el fustigador de los vicios que surgen del propio funcionamiento del sistema con el objetivo de transformarlo en una democracia en la cual sea posible la participación real de la ciudadanía no sólo en las urnas cada cuatro años.

Una pregunta final  y una advertencia

a.- La pregunta es cómo reaccionará el PP: si seguirá metiendo la cabeza bajo el ala, convencido de que la realidad no es lo que pasa sino lo que se dice que pasa (y ellos tienen más voz que nadie para decir), y dejándonos la duda de si mienten o es que no se enteran: dos modos de proceder muy malos para un político. Prefiero desde luego la reacción honesta de Rita Barberá ("estos resultados no me gustan nada") a la de la señora Cospedal ("el pueblo ha hablado y hemos ganado"). ¡Por favor! ¿Hará lo mismo Ciudadanos, el hijo joven del PP?

b.- La advertencia podría formulase así: el pueblo nos ha dicho que dialoguemos. Pero nos exige dialogar, no "negociar". En la negociación uno se baja los pantalones y es capaz de renunciar a lo que tenía por más sagrado con tal de conseguir poder (recordemos al primer Aznar, con el cupo vasco, tan contrario a sus ideas). En el diálogo se escucha, se argumenta, se buscan caminos nuevos y puntos de confluencia. 

Y al final, naturalmente, se pacta; pero el pacto ha sido fruto de un encuentro, no de un afán oscuro de poder.

Y la advertencia hoy se puede vivir la política envuelta en una mentira tranquilizadora. Muchos ojos van a estar ahora puestos en los partidos emergentes. Y las empresas de la comunicación van a portarse con ellos con la intención a ver en qué les podeos coger Hay que tener esto en  cuenta porque ahí puede estar la gran esperanza del PP, para recuperarse antes de las elecciones generales: ensuciarlos todo lo que puedan.

Independientemente del resultado una cosa está clara, estamos explorando nuevas vías de democracia participativa, más cercana a la gente, y estamos diciendo no a una democracia secuestrada por los mercados. Lo que sucedió pone de manifiesto que la democracia no es algo unívoco ni inmutable y que no es patrimonio de élites ni oligarquías. Se inicia pues un tiempo de gran esperanza y también de gran incertidumbre ¿Estaremos a la altura para construir una sociedad más justa, fraterna y solidaria? La oportunidad de hacer las cosas bien comienza ahora. Queda inaugurado el ‘cambio de época’

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domingo, 10 de mayo de 2015

2015, AÑO DE ELECCIONES CONFLICTIVAS



José María García Mauriño
14 de Mayo de 2015

¿Dónde está el conflicto? 
En estas elecciones municipales, autonómicas y generales, el conflicto se sitúa en el enfrentamiento entre el Gobierno y el Sistema. En estas elecciones la ciudadanía se juega un cambio que considera necesario. Pero, las urnas no cambian casi nada. No se trata de piezas de recambio, de cambiar el Gobierno, de cambiar el Parlamento, si dejamos intacto el sistema. Que no sea la economía, el poder de las multinacionales, el que nos gobierne, sino que sea el poder popular el que pueda tomar decisiones en favor de la ciudadanía.  El sistema capitalista no es sólo un sistema económico, es mucho más, es un sistema a la vez político y cultural. Es un sistema económico que depende al mismo tiempo de un espíritu moral, y que necesita del sistema político democrático para poder subsistir. Sin esta dimensión política y ético-cultural no se podría mantener. En su fondo, está viva y actuante toda una filosofía que orienta ampliamente la actividad del hombre y la mujer capitalista, es decir, todo lo que supone la actividad económica, el sistema de valores, y todo lo concerniente a lo cultural y lo  político. Es posible que se cambie de gobierno, pero seguirá intacto el sistema. Algunos intentan que vaya cambiando poco a poco el sistema, además de que cambie de momento esa forma de gobernar El adversario no es la “derecha”, sino algo mucho más amplio y superior: una oligarquía capitalista cuya línea y programa perjudica al 90% de la sociedad.

1) Presupuesto fundamental:
Ante la cita electoral de este año 2015, mucha gente espera que nos digan una postura a adoptar. Pero creo que para unas personas tan maduras no caben consignas o indicaciones, sino formación e información para que cada cual libremente tome la decisión que crea más conveniente.

Antes que nada unas observaciones generales: Estas elecciones municipales, autonómicas y generales van a ser las elecciones del cambio: Esto tiene que cambiar, así no podemos seguir, con tanto paro, tanto recorte a la sanidad y educación con esa ley de partidos o esa reforma laboral. Lo decisivo es que la Política se regenere, que  la Democracia funcione, es decir, que el poder popular, la soberanía popular, no la soberanía del capital, tome decisiones para la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas, controle democráticamente la economía. Es la hora de un compromiso radical con la democracia popular. Hay que reivindicar los principios y valores democráticos, como son los Derechos humanos en su totalidad, el principio de igualdad para toda la ciudadanía, el bien común, la transparencia y la participación ciudadana, más allá de la representatividad actual  que no funciona. Queremos un cambio elemental: una persona, un voto, Que el voto de cada españolito valga lo mismo en cualquier parte del territorio español. Que se cambie la ley electoral que beneficia a los grandes partidos, que cambie la reforma laboral que produce parados.

Estas elecciones no pueden ser la repetición mimética de las elecciones anteriores. El contexto histórico es muy diferente. No podemos estar de espaldas a la realidad, No podemos vivir al margen de la historia. No podemos seguir como si no pasara nada. No nos podemos quedar como estamos, hay que moverse, hay que cambiar. NO al inmovilismo, NO al conformismo, NO a la pasividad y a ese quedarse en “lo de siempre”. Estimo que muchas de estas personas, ha pasado ya de la minoría de edad, a la mayoría de edad, que ha llegado a  esa actitud que se atreve a pensar por si misma y llega a una cierta madurez

2)   ¿Un cambio profundo?
Estamos viviendo en uno de  esos momentos de cambio profundo, una crisis universal intensa, sociocultural, de valores,  económica, política, modelo productivo, relaciones con la naturaleza, modelo energético, comunicaciones, globalización geoestratégica, que, en su conjunto, algunos han calificado de tsunami por su alcance y aceleración en todos los campos, y que no era previsible con esta intensidad hace sólo unas décadas.

El Cambio que necesitamos no es sólo cuestión de números, de porcentajes, de prima de riesgo, de la deuda,  sino de actitudes, de talante. El problema es más de fondo.¿Queremos cambiar de verdad?  Somos seres históricos y de esperanza, no de resignación. Somos seres históricos y por tanto vivimos la tensión creadora, no repetitiva, del hoy condicionado por el ayer que no volverá y la expectativa del mañana que es incierta. El pasado está hecho de memoria, tenemos el deber de recordar. El futuro es promesa, abierto a la confianza. Si cambiamos tenemos esperanza de ganar, si no cambiamos ya hemos perdido. Vivimos en  una crisis que aboca a un escenario de “cambio “global”, “fin de época”, calificada por pensadores con expresiones parecidas. Nos situamos hoy con nuestras formas de pensar y de actuar, con nuestras conductas, más o menos arraigadas, pero regresivas. Tenemos que cambiar, dar un giro copernicano, o pagar las consecuencias.

El problema político es el problema del sistema y de los gestores del sistema. Los problemas más serios, que padecen los pueblos, no se arreglan cuando cambian los gobernantes, sino cuando los gobernados empiezan a pensar y ver la vida, no con la mentalidad de siervos sumisos a los dictados del sistema, sino con la libertad de seres humanos que ponen por encima de todo su propia humanidad y la dignidad de todos y de todas. Las transformaciones más profundas se han producido así. Se puede decir que apenas hay diferencia fundamental entre izquierda oficial y derecha eterna. El electorado de izquierda muchas veces se queda en casa e incluso se deja tentar por los reflejos antisistema, Habría que proponer algo completamente diferente: convocar al pueblo a un proceso constituyente que reformule el interés general, una III República, una nueva Revolución Francesa contra esa oligarquía capitalista que se desmoronó en Francia en 1789 lanzando impulsos libertarios universales aún hoy vigentes: Libertad, Igualdad, Fraternidad. Nos tiene que cantar otro gallo…

Con este modelo de democracia liberal, no hemos conseguido avanzar en términos de justicia social, ni eliminar la pobreza de amplias capas de la población o paliar las graves desigualdades. La capacidad de intervención política queda reducida al voto como única opción para decir lo que pensamos, y estamos muy lejos de las decisiones políticas importantes, ya que los grandes ideales políticos han sido suplantados por la motivación consumista que requiere el sistema económico. Lo único que hacemos es que de vez en cuando votamos a unos políticos, que se alinean en dos ejes (conservadores y socialdemócratas), pero que acaban defendiendo los mismos intereses, los del capital.

Necesitamos regenerar la democracia, radicalizarla, reinventarla si es preciso, porque nadie puede eliminar las profundas aspiraciones humanas a la felicidad, por el camino de los derechos igualitarios, de la libertad, de la participación en lo común,  de la solidaridad y la convivencia pacífica.

Los procesos electorales no garantizan el cambio que necesitamos y que está pidiendo la ciudadanía. No se trata de nuevos pactos, de nuevas coaliciones entre partidos, no se trata de una sopa de siglas, sino cambios más profundos. Nada de mantener el bipartidismo.  Empezando por no votar a ningún partido que tenga a personas imputadas por delitos de corrupción, ni tampoco a personas corruptas aunque no sean imputadas, en  sus listas. Y lo más importante, sería conveniente cambiar la estructura política de España, diseñar un nuevo modelo de Estado, en el que se trate de un gobierno central que elimine la duplicidad de parlamentos: son 17 comunidades autónomas, como también son 17 los proyectos de educación y de sanidad que se dan ahora en el país .Que se quiten los privilegios fiscales que tienen ciertas de CCAA (País Vasco, Cataluña) y cualquier ciudadano/a pague lo mismo viva donde viva en el  país. Que se aborden seriamente las desigualdades sociales, porque Sí hay dinero, pero hay que saber repartirlo. La verdadera democracia no puede estar de acuerdo con los Mercados, como apoya Angela Merkel.

Hay que recuperar los 70.000 millones de € que cuesta el fraude fiscal cada año. Crear empleo y puestos de trabajo dignos: eso no se hace por real decreto, sino trabajando por construir condiciones sociales, económicas y laborales que facilitan la creación de empleo: hay que cambiar el modelo de las relaciones de producción, Una economía productiva, no una economía especulativa que solo beneficia a unos pocos y la gran mayoría padece el paro y la exclusión. Faltan muchos profesores, muchos cuidadores/as de ancianos/as y niños/as, se necesitan muchos sanitarios, muchos médicos, bomberos, muchos trabajadores sociales, etc. No nos podemos permitir el lujo de que se vayan al extranjero más de 390.000 jóvenes para trabajar. Es una fuga de cerebros, de estudiantes preparados que abandonan el país: cada uno/a cuesta al Estado 150.000€ su formación y tiramos por la borda cerca de 60.000 millones de €.

Políticamente: no hemos salido de la crisis, sigue habiendo muchos millones de parados, enormes desigualdades sociales, mucho sufrimiento por parte de los más débiles. Y para colmo el Gobierno predica que hay que seguir haciendo lo que hace porque va en la “buena dirección”, es decir, la que nos lleva al caos. No admite los cambios que se avecinan y que espera y quiere la mayoría, porque eso nos llevaría a una gran  inestabilidad. ¿A qué inestabilidad se refiere Rajoy?  A mantener las cifras del paro, a seguir descubriendo cada día un nuevo caso de corrupción, a mantener el bipartidismo, a seguir con los recortes en sanidad y educación, a continuar con una Política de aprovechados, a seguir con la ley de partidos y la ley electoral, a seguir con las reformas laborales, con la precariedad en el trabajo, etc. ¿A eso le llama Rajoy estabilidad?

b) Cuatro preocupaciones fundamentales en estas elecciones:
Una, la situación del Planeta:
Este Capitalismo depredador es un sistema violento por naturaleza y no respeta casi nada. Por supuesto no respeta  los DH y tampoco la Carta de la Tierra. Recordemos que el consumo del petróleo es uno de los impulsores de ese fenómeno del cambio climático. Se puede decir que es el principal junto con el carbón. El cambio climático que vivimos se debe a la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera, mayoritariamente CO2, y el 80% de éste se produce al quemar combustibles fósiles: carbón, petróleo y gas. Sólo el uso de petróleo es responsable del 22,6% de las emisiones de 2014. En buena parte se dedica al transporte, y sus emisiones han aumentado un 120% desde 1970 hasta 2014, mientras, por ejemplo, las del sector industrial crecieron un 65%. Por tanto, uno de los muchos y graves problemas que se asocian al petróleo es el cambio climático.
Dos: sin laicidad no hay democracia:
Podemos afirmar que la mayoría de hombres y mujeres que  conforman la sociedad española, se va caracterizando por la independencia y autonomía de cualquier tutela religiosa. Es decir, se trata de construir la Historia sin acudir a la religión. Queremos una sociedad que sea de verdad independiente de toda tutela religiosa, pero no contraria a la religión. La laicidad respeta profundamente el derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de libre creencia. La sociedad vive hoy cambios muy profundos y seguimos viviendo un proceso de secularización que es imparable.  Es decir, podemos afirmar que una sociedad en su conjunto es laica si es el poder popular el que decide y no otros poderes por sagrados que se les consideren. No por la “jerarquía” que en griego significa eso “poder sagrado”. Desde luego, no por las jerarquías eclesiásticas, pero tampoco por las jerarquías políticas, ni económicas.

 Lo laico  (“laos”) es lo propio del pueblo y pueblo somos todos y todas. Es en lo que convenimos la ciudadanía: todos y todas coincidimos en que somos Seres Humanos. Lo propio de la democracia es el poder del pueblo, la soberanía popular. Laicidad y democracia deben ir siempre juntas. El laicismo defiende lo que es de todos y todas, es decir, lo público, sin excepción. Es lo propio de una sociedad  que es de todos y para todas las personas. Sin excepción alguna, sin exclusivismos ni privilegios de ningún poder particular, sea político o religioso  En una sociedad democrática ninguna persona es más sagrada que otra. La laicidad no es antirreligiosa, ni es contraria a la religión. Lo laico es lo común lo que nos iguala a todos y a todas por nuestros orígenes más radicales, no por lo sagrado de la religión. Un estado sin jerarquías religiosas, y también sin el predominio de unas clases sociales sobre otras. Una sociedad laica de verdad no puede tener como dioses a esos ídolos del dinero y de la propiedad privada, tiene que ser  ajena a toda religión que adore a cualquier dios.

Tres La denuncia de los Acuerdos.
Los Acuerdos firmados por la Santa Sede y el Estado español en 1979, son una sustitución del Concordato anterior, y otorgan a la Iglesia católica una serie de privilegios que van en contra de la laicidad del Estado. “Ninguna confesión tendrá carácter estatal” (16,3).  Sobre todo, privilegios en materia de enseñanza de la religión católica en las escuelas públicas y concertadas, lo mismo que en  la universidad. Estos privilegios van en contra asimismo del principio de igualdad ante la ley, porque discrimina a otras religiones, La denuncia de estos Acuerdos deberían ser parte del programa de los partidos políticos. Es parte del cambio que esperamos. Los Acuerdos del Estado español con la Santa Sede deben ser derogados y sustituidos por normas acordes a un Estado democrático de derecho, es decir, con máximo respeto a las libertades civiles de los ciudadanos y bajo los principios de no discriminación y no confesionalidad del Estado.

Cuatro: Estamos en guerra.
"Estamos en guerra" no es una proclama, es una descripción de la realidad. Una realidad que nos negamos a aceptar para evitar reconocer que somos cómplices, o admitir el riesgo que implica permanecer pasivos frente a la escalada belicista de la coalición occidental de la que formamos parte. Participamos de la estructura militar de la OTAN. Todas las guerras son presentadas como ajenas a nosotros, incluidas las que se inician en nuestro territorio o en las que intervenimos directamente. Todos los conflictos se nos muestran como situaciones aisladas, ocultando los vínculos que harían evidente la existencia de una guerra global. A menudo los árboles de los conflictos locales no dejan ver el bosque de la guerra global en la que estamos inmersos. Los grandes medios de comunicación no solo escamotean datos cruciales, sino que constantemente tergiversan -cuando no la falsean- la información relativa a los conflictos bélicos. Y, para enfrentarnos a la barbarie capitalista y a su poderosa -pero no invencible- maquinaria bélica, aportamos la noticia de las próximas maniobras militares en Morón. Las presentamos con el objetivo de exigir la salida del Estado español de la OTAN y el desmantelamiento de las Bases americanas en España. El permanecer en la OTAN significa que seguimos siendo vasallos del imperio. Aprovechamos esta ocasión  para que sepamos que en este otoño de 2015, la OTAN prepara unas grandes Maniobras militares de alto alcance, con presentación de nuevos inventos bélicos en Gibraltar. España colabora en estas maniobras con más de 8.000 soldados junto con los 30.000 o más que aportan los ejércitos aliados- Hay que crear conciencia sobre este tema y que la gente sepa que “estamos en guerra”, y el enorme gasto económico que supone mantener esa estructura militar en nuestro país.

c) Cuál podría ser la postura individual:
 Hay personas que dicen: «yo no me meto en política». El que dice eso, en realidad, no sabe lo que dice. Porque en política nos metemos todos y estamos metidos todos y todas, por más que ni nos demos cuenta de que eso es así. Lo que pasa es que, normalmente, el que dice que no se mete en política, es una persona a la que le va bien con la política que hacen los que mandan. O sea, es un individuo que está de acuerdo con el gobierno de turno. Y, por tanto, no se preocupa para que las cosas cambien o se hagan de otra manera. Por otra parte, el que asegura que es apolítico, lo que realmente dice es que está de parte del que gobierna, por más que, cuando habla con los amigos, critique a los gobernantes. No nos engañemos. Nuestra aparente pasividad, lo que hace es arrimar el ascua a la sardina del que en ese momento tiene el poder. Lo importante no es qué partido gobierna, sino qué clase social está en el poder. Es verdad que, cuando el sistema político es una dictadura, las posibilidades de participación se reducen a la protesta o a actuar en la clandestinidad, cosas que entrañan riesgos evidentes y que suponen vencer el miedo por encima de lo que suele dar de sí la condición humana. Pero es evidente que, en un sistema democrático, al menos cuando llega el día de las elecciones, es una responsabilidad muy seria la que pesa sobre la conciencia de cada ciudadano/a. Sobre todo, si tenemos en cuenta que hay demasiadas cosas que pueden ir mejor y tienen que ser mejor gestionadas por el que salga elegido en las urnas.

Pero, ¡atención!, que cuando hablo de responsabilidad, no me refiero solamente al deber de votar o no votar el día de las elecciones. Porque los problemas de la gente que lo pasa mal, por causa de un mal gobierno o un gobierno deficiente, no se arreglan sólo con ir a votar. Lo que interesa, sobre todo, es saber 'a quién' se vota y 'por qué' se vota. Lo que supone, entre otras cosas, enterarse antes debidamente del programa que presenta cada candidato. Es evidente que a todos nos interesa que la economía vaya bien. Pero, tanto como eso, interesa que la riqueza del país se reparta mejor, de manera que los impuestos, las pensiones, los sueldos, todo eso y tantas otras cosas, se organicen de manera que salgan mejor parados los que más lo necesitan.

Ante la convocatoria electoral se nos plantean, en primer lugar dos grandes opciones, que son participar o no participar, votar o no votar:

ABSTENCIÓN. Las personas que no ejerzan su derecho al voto no serán penalizadas por la ley, ya que el voto es un derecho y no una obligación, pero tampoco afectarán al resultado final de las elecciones. El efecto que puede tener la abstención en unas elecciones es demostrar el descontento de la ciudadanía con las propuestas políticas o con el sistema político establecido. Por otro lado, una gran abstención puede facilitar a las candidaturas pequeñas superar la barrera del 3%, al disminuir el número total de votos válidos. Se dice que la abstención favorece a la derecha.

PARTICIPACIÓN. Si decides votar se te plantean una serie de opciones:

 VOTO A LOS PARTIDOS MAYORITARIOS. Nos referimos a los dos mayoritarios en el ámbito de todo el estado, el PP y el PSOE, y otros como Izquierda Unida y UpyD,  con opciones de formar gobierno, y a los que son mayoritarios en sus circunscripciones respectivas. Son los máximos responsables de la situación política y social que estamos viviendo. Votarles, sobre todo a PP y PSOE, es perpetuar el sistema y el actual estado de cosas. Lo que buscamos es el cambio.

VOTO A LOS PARTIDOS MINORITARIOS. Es otra de las opciones. Puedes votar en conciencia a quien creas que mejor represente tu ideario, se comprometa profundamente con el cambio democrático, como pueden ser Podemos, Ciudadanos,  Ahora Madrid, Ganemos Barcelona, etc. Pero lo malo de votar a candidaturas pequeñas es que si no llegan a superar la barrera del 3% de voto y no consiguen representación se desechan todos los votos, y, por tanto, se refuerza aún más a los grandes partidos. Si el partido griego Syriza ganó en  su tierra y Podemos se instala en España, podrá haber un estallido en  Francia. Los franceses son más revolucionarios que el resto de los europeos.

VOTO NULO. Se considera voto nulo todo sobre que llegue con la papeleta electoral rasgada, tachada, con texto escrito o modificada de alguna forma por el votante (art. 96 LOREG). Todos estos votos se contabilizan pero no afectan el reparto de escaños ya que, al ser nulos, no se cuentan como válidos. Así pues, el voto nulo tiene el mismo efecto que la abstención en la asignación de escaños.

VOTO EN BLANCO. Es decir, sin logotipo y sin nombres de políticos. Insertando esa papeleta dentro del sobre electoral, nuestro voto será contabilizado como blanco. En las elecciones al Senado, se considera voto en blanco las papeletas que no contengan indicación a favor de ninguno de los candidatos. Otra forma de votar en blanco es no poner ninguna papeleta dentro del sobre, tal y como se indica en la LOREG (art. 96.5). Este voto puede perjudicar a los partidos minoritarios ya que, al ser contado como emitido y válido, eleva el total de votos y todos los partidos deberán obtener más votos para llegar a ese 3% de votos válidos. Por ello, esta opción refuerza el bipartidismo.

 EL “VOTO ÚTIL”. Hablamos de un concepto que no tiene plasmación legal ni figura en la LOREG. En periodo electoral, los partidos mayoritarios alientan el miedo aludiendo al malintencionadamente llamado “voto útil”, para que no salga su adversario y pidiendo para sí el voto que podría ir a partidos minoritarios, conscientes de que la ley electoral vigente les beneficia frente a estos, e intentando hacer olvidar que las diferencias entre dichos partidos mayoritarios son mínimas. El voto más útil es el que vota el cambio, llámese como se llame…

Creemos que para una sociedad madura vale más llamar al voto, o abstención en conciencia, aunque, como hemos podido comprobar, el sistema electoral establecido está hecho para favorecer a los partidos mayoritarios. Lo importante es que hagas lo que hagas y sea cual sea el resultado sigas pensando en ir eliminando el sistema,  ir dando pasos en otra dirección, molesto y disgustada por no haber llegado a un cambio más radical que todos y todas estábamos esperando.
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