jueves, 28 de julio de 2016

ENTREVISTA A JOSE MARÍA GARCÍA-MAURIÑO, COFUNDADOR DE CRISTIANOS POR EL SOCIALISMO


« Me considero un creyente crítico, y se puede decir que soy un heterodoxo, que vivo de mi pensión y no tengo ninguna propiedad. Hice una opción por los pobres y la llevo a cabo, como puedo.»

En un libro clave para entender el papel de muchos militantes cristianos en la lucha contra la dictadura franquista y la renovación de la Iglesia católica, aparece una mención a nuestro entrevistado.1 Dice así: «es destacable la actuación de José M. García-Mauriño. Formado en Andalucía, es destinado a las distintas Escuelas Profesionales de la SAFA llegando finalmente a Huelva en el año 1965. Desde entonces y hasta 1971 impulsará como consiliario de la Vanguardia Obrera su compromiso sindical y político. Como consecuencia de sus actividades en la Vanguardia y como cura obrero (será peón de una fábrica de Abengoa tres años) tendrá roces con las autoridades eclesiásticas y será también perseguido por la policía. En 1971 abandona Huelva y la Vanguardia. En 1973 contribuirá a la fundación de Cristianos por el Socialismo, movimiento del que sigue siendo secretario general, aunque abandona la Compañía en 1980». Su salida de los Jesuitas le supuso también padecer la lacra del desempleo de aquellos años. Ello le obliga a trasladarse a Madrid, donde encuentra un puesto de trabajo como profesor de filosofía y ética. Durante ese tiempo escribió innumerables fascículos de Historia de la Filosofía y comentarios de textos para sus alumnos de COU y otros de Ética para los alumnos de la Facultad de Derecho, Económicas y Empresariales de la Universidad de San Pablo CEU. La opción por los pobres ha sido el eje de su vida.

Santiago Álvarez Cantalapiedra (SAC): Dices en una breve biografía que te pidieron sobre tu vida en los años cincuenta: «En los años 53-54, en plena formación jesuítica, me planteé qué es lo que quería hacer con mi vida. Y poco a poco fui perfilando lo que yo llamo mi “proyecto de vida”. Y lo empecé a diseñar a partir de lo que yo entiendo qué es la opción por los pobres». ¿Podrías explicar en qué consiste?

José María García-Mauriño (JMGM): Lo que quiero expresar con «mi proyecto de vida» es el porqué de mis compromisos sociales, políticos y cristianos. Lo que me ha llevado hace ya muchos años a una serie de actividades comprometidas con la realidad es mi opción por los pobres. Y lo quiero explicar así:

1º) La Opción por los pobres (OP) es una opción ética, que busca ante todo la justicia. El mundo actual es un mundo injusto. Es una opción basada en el amor a los oprimidos que están injustamente oprimidos. Es una opción de clase. No se trata de un amor asistencial, proteccionista y paternalista, sino de un amor liberador, que es al mismo tiempo participativo, es decir, que reconoce a los pobres como sujetos capaces de decidir por sí mismos su propio destino. Participan en la vida como sujetos libres, no como dependientes. Se trata de la promoción de las personas y pueblos oprimidos como sujetos, no como objetos de compasión y de asistencia por parte de los poderosos.

2º) La OP es una opción crítica, no acepta este sistema capitalista que produce pobres y pobreza y miseria en la inmensa mayoría de la humanidad. Un sistema que constantemente genera sumisión, dependencia y esclavitud, a personas y pueblos enteros. Es, por tanto, una opción política anticapitalista y antiimperialista que se compromete a su liberación en el contexto histórico concreto del mundo y de España, en este siglo XXI.

3º) La OP hace una interpretación de la historia, de la realidad. Una interpretación que es subversiva. Es decir, hace una lectura de la historia, no a partir de la escala de valores tradicionales y vigente en la sociedad, como son los valores del dinero, del poder o del prestigio, sino desde abajo, desde los pobres y oprimidos, desde los valores de la libertad, la vida, la dignidad de todos los seres humanos. Significa un proceso de maduración personal y rebeldía contra la cultura dominante del sometimiento.

4º) Es una opción cristiana. ¿Qué añade lo cristiano a esta OP de tipo ético? Pues sencillamente que el fundamento de esta opción, además de la justicia, es la fe, es decir, la adhesión libre a la persona y al mensaje de Jesús de Nazaret. Y el mensaje de Jesús es subversivo, «Amaos… como yo os he amado». La nueva cultura no tiene como quicio sólo un mandamiento, una invitación, sino una persona. La opción definitiva de Jesús por los marginados y su compromiso por ellos como sujetos, supone un amor universal, y para ser verdaderamente universal no puede ser neutral. O es preferencial y discriminatorio o es ilusorio. Son los económicamente pobres, los samaritanos, leprosos, ciegos, los paralíticos, adúlteras, prostitutas, niños y niñas, etc. Son la mayoría de la humanidad. Jesús invierte la escala de valores. Su preferencia son los perdidos, los últimos, los que nadie quiere, los «don nadie». Se sitúa en una interpretación de la historia subversiva, no integradora en el sistema. Se puede decir que es un rebelde, un disidente. Es rebelarse contra una sumisión impuesta por el sistema político y religioso. Jesús es un educador popular, empeñado en concienciar a su pueblo y liberarlo de la servidumbre impuesta por la religión de los poderosos. Subvierte al pueblo, enseñando desde Galilea. Jesús es un inconformista y critica las culturas fundadas en el dominio del hombre por el hombre, no podía ser fiel al amor sin cuestionar la ideología y el sistema socio-religioso que justificaban la segregación. Conclusión: la OP cristiana es la opción por la inmensa mayoría de la humanidad sufriente. Es fundamentalmente una opción profana, laica, no religiosa. Siguiendo a Jesús tengo la convicción de que vale la pena jugarse la vida por esta causa. Hago mía esta sentencia de Jon Sobrino: «No hay opción por los pobres sin decisión a defenderlos. Y por lo tanto, sin una decisión a introducirse en el conflicto histórico. Esto no suele ser muy tenido en cuenta. Ni siquiera teóricamente. Pero, digámoslo una vez más: no hay opción por los pobres sin arriesgar».

SAC: Cristianos por el socialismo (CPS) surge en los años setenta en el Chile de Allende. Es el momento de mayor crudeza de la llamada «Guerra Fría», interpretada en términos ideológicos como el antagonismo entre el «comunismo ateo» y la «civilización occidental cristiana». El 4 de septiembre de 1970, Salvador Allende logra una mayoría relativa, superando a Alessandri (candidato conservador, feroz anticomunista apoyado por la jerarquía de la iglesia católica y por ciertos sectores del Opus Dei), y se inicia así la construcción del socialismo por la vía democrática. En abril de 1971, un grupo de sacerdotes y cristianos que trabajaban en los sectores populares convocan las «Jornadas sobre la participación de los cristianos en la construcción del socialismo en Chile». En septiembre de ese mismo año nace el «secretariado sacerdotal Cristianos por el Socialismo» y en octubre el «secretariado educacional Cristianos por el Socialismo», abogando por la educación liberadora y la democratización de la escuela católica. La presentación internacional se realiza en el «Iº Encuentro Continental de Cristianos por el Socialismo», celebrado en Santiago de Chile en abril de 1972. De ahí se difunde por América Latina y Europa. En marzo de 1973, con el dictador Franco aún dando sus últimos zarpazos, se funda en España. Apenas seis meses después, el 11 de septiembre de 1973, el general Pinochet da un golpe de Estado alegando la defensa de la «civilización occidental cristina», ahogando en sangre el intento de socialismo y el movimiento cristiano que pretendía apoyarlo. ¿Nos puedes hablar de tu papel en la aparición de CPS en España y lo que os animaba en esos primeros años?

JMGM: Fuí uno de los fundadores de CPS en España, junto con Josep Seguí, Salvador Pérez Chuecos, José María González Ruiz, Alfonso Carlos Comín, Juan García-Nieto y otros muchos. Gracias a la laboriosa convocatoria de Comín y García-Nieto, nos reunimos más de doscientas personas en el albergue juvenil de Calafell, cerca de Barcelona. Fueron unas circunstancias históricas -después del Concilio Vaticano II (1962-65) y la Conferencia Episcopal Latinoamericana en Medellín (1968) o los movimientos estudiantiles del 68- llenas de ilusión, renovadoras, con los ejemplos de América Latina, la revolución sandinista con los hermanos Cardenal, en el Salvador con Ellacuría y el obispo Oscar Romero. Y la imperturbable revolución cubana con Fidel Castro que visitó en 1971 a los de CPS chilenos.

SAC: ¿Qué buscabais lanzando CPS?

JMGM: Buscábamos el sentido profundo de la fe cristiana. Saber unir fe y compromiso político. Un compromiso con los de abajo, con las clases populares. Una práctica política y de fe que fuera transformadora de la realidad. Se trataba de un movimiento no de un nuevo partido. Tampoco pretendíamos crear una Iglesia paralela, popular. Nos sumamos, como un colectivo más, a las nacientes comunidades cristianas de base. Fuimos demonizados por la jerarquía de la iglesia católica que siempre nos acusaba de ser marxistas, ateos, revolucionarios. Y estuvimos en la clandestinidad durante el tiempo que duró la dictadura. Con la democracia muchos se alistaron en partidos políticos y dejaron CPS, otros siguieron firmes en sus compromisos pero el número decreció sensiblemente.

SAC: Hablas de unir fe y compromiso político. Según la teología política de Johann B. Metz «la fe de los cristianos es una praxis de la historia dentro de la sociedad». Por otro lado, el cristianismo está dentro de las consideradas religiones proféticas, por lo que se la puede entender -según la concepción de Max Weber- como una religión intramundana que contiene un mensaje profético de transformación social. ¿Debe ser relegada la experiencia creyente al ámbito privado? Según las teologías cristianas progresistas, la separación del espacio público y privado ha funcionado siempre como forma de domesticar o neutralizar el potencial emancipador de la religión, proceso que ha contado con la complicidad, e incluso la participación activa de las teologías conservadoras ¿cómo ves esta cuestión?

JMGM: Creo que hay que hacer frente al dualismo fe-política, que es un dualismo engañoso, propio de la mentalidad burguesa cristiana. Según dicen ellos, una cosa es la fe y otra cosa es la política. Estimo que no es un problema que hay que analizar por separado. La fe no puede ir separada del compromiso político. «Creer es comprometerse». Creer es algo más que ir a misa los domingos y participar en las liturgias tradicionales de bautizos, bodas, comuniones, y funerales. El compromiso político tiene también una dimensión teologal. Con este dualismo teológico, la jerarquía y los cristianos conservadores, quieren salvar a toda costa por un lado, la «trascendencia de la fe», que no sabemos muy bien cuál es su significado, y por otro, la libertad política de los cristianos y cristianas. Según la jerarquía hay que tener en cuenta tres cosas: la misión espiritual y no política de la iglesia, la libertad de los creyentes y la unidad de la iglesia. Es decir, se reduce la fe a un campo neutro, apolítico y abstracto; y además, se reduce el compromiso de los creyentes a un problema de libertad individual y responsabilidad personal. Y se intenta una unidad imposible al admitir el pluralismo en el mismo seno de la iglesia.

El resultado de este dualismo es un cristianismo desencarnado y vacío, castrado en su dimensión profética al situarse fuera de la realidad, fuera de la historia. Y por si fuera poco, se reconoce igual carta de ciudadanía en el interior de la Iglesia a todas las opciones políticas, sean de derechas o de extrema derecha o de izquierdas, estén con el pueblo o se sitúan al margen de él. Entonces, para salvar la «trascendencia» de la fe y la misma «libertad» de los creyentes, el dualismo crea un cristianismo «platónico» y una moral social liberal. Desde luego, no hay que identificar la fe con el compromiso político, ni tampoco se puede deducir de los textos del Evangelio un programa de acción social concreta. Pero, la opción de lucha por las clases populares y la clase trabajadora no es ajena al planteamiento evangélico, tiene una clara dimensión teologal: la opción de clase se traduce desde la fe como un compromiso con el «Reino de Dios». No hay una historia profana y otra historia sagrada, sino una única historia, la historia de la salvación. Y en esa historia los hechos políticos liberadores pueden ser interpretados a la luz de la fe, como palabra de Dios. Dios quiere la liberación de todos los pueblos de toda opresión, quiere la vida y la dignidad para toda clase de personas y pueblos, para toda la humanidad.

Los creyentes que admiten el Evangelio como proyecto de vida, no solamente no son apolíticos, sino que han hecho una opción de clase. La opción por las clases populares, los empobrecidos, los menos favorecidos, es una opción descaradamente evangélica. Jesús dijo claramente, «dichosos los empobrecidos», también «ay de vosotros los ricos» y además «los últimos serán los primeros». Jesús nos invitó a luchar por los «últimos» de la sociedad. Se trata de una opción de clase, no de partidos políticos de izquierdas. En este análisis del dualismo, no se parte de consideraciones teológicas de textos básicos, para aterrizar después en los problemas concretos. Tomamos tierra en la realidad histórica. Partimos siempre de la realidad, de la constatación del hecho de la lucha de clases. Hay personas y pueblos empobrecidos, porque hay ricos, que tienen muchas riquezas y mucho poder. Hay que descubrirlo, porque no está claro para la mayoría, que a veces lo niega y con frecuencia intenta dulcificarlo, que la lucha de clases se configura como eje fundamental de la realidad y de la historia. Cristianismo y marxismo no son incompatibles. El cristianismo sí es incompatible con el capitalismo. Cristianos y marxistas luchan en un frente común, la lucha por la liberación de todos los oprimidos. Buscamos el sentido profundo de la fe cristiana. El planteamiento cristiano y teológico no se hace a partir de principios abstractos o textos magisteriales, sino que se parte de lo político, de la situación real de la clase obrera y popular, del mundo de los empobrecidos, de las enormes desigualdades sociales, para llegar inductivamente al problema teológico. El mundo de los empobrecidos, no es mundo amorfo y sin rostro, el empobrecido no es solo el que sufre, al que se le niegan los bienes básicos para vivir, sino que es un explotado, que pertenece a la clase de los explotados. Habría que pasar de la actitud de acercarse y compartir en lo posible la vida y el trabajo de los empobrecidos, a la actitud de compartir la lucha de los empobrecidos y con los empobrecidos. La lucha de los empobrecidos adquiere el rostro más definido de lucha política de la clase trabajadora contra el sistema capitalista y por la construcción del socialismo. Los cristianos deberíamos estar comprometidos en la construcción de un socialismo, como alternativa al capitalismo. Negar este hecho de la lucha de clases, es propio de la derecha. Claro que hay que amar a todos, a los explotados y a los explotadores. Amar a los explotados significa participar en la lucha política por su liberación; amar a los explotadores significa despojarlos de sus instrumentos de explotación, exigir que los ricos dejen de ser “buenos” ricos, es decir, que dejen de dar esas limosnas que les sirven de tranquilizantes de conciencia, y que compartan más sus riquezas y sus propiedades con el mundo de los empobrecidos. Los “buenos” ricos siempre tratarán de rebajar las exigencias éticas o evangélicas para acomodarlas al nivel de su estilo de vida. Así no se sentirán tan incómodos en el cristianismo. El dualismo admite que dentro del cristianismo cabe optar por todas las clases sociales, es interclasista. Rechazamos ese “pluralismo” donde todas las opciones son legítimas dentro de la Iglesia. Es muy difícil llegar a una síntesis entre los dos polos, porque siempre habrá tensión entre los que son demasiado “políticos” y poco cristianos, y los que son muy “cristianos”, pero poco políticos.

SAC: ¿Qué ha supuesto para ti formar parte de CPS durante estos cuarenta y tres años?

JMGM: Antes de nada, me gustaría reconocer y agradecer la ejemplaridad personal e ideológica de “guías” como Alfonso C. Comín y Juan N. García-Nieto ¿Lo que CPS ha supuesto para mí? Una exigencia muy fuerte en lo cristiano, lo político y lo social; un compromiso para ir avanzando en la construcción del socialismo; CPS nos ha exigido un análisis marxista de la realidad para interpretar las distintas circunstancias históricas y poder expresa nuestras opiniones a lo largo de todos estos años. Sigue siendo la amistad inquebrantable de todos y todas las que formamos CPS, el gozo de reunirnos -cada mes en Madrid o anualmente en las Jornadas que alternamos entre Madrid y Barcelona con el resto de compañeras y compañeros de todo el territorio español- dialogando sobre temas profundos y animándonos mutuamente a seguir a Jesús y ser fieles al compromiso, el esfuerzo de profundizar temas actuales y redactar unas modestas cartas de intervención pública que denominamos CPS Opina que paso a los compañeros y compañeras para su corrección y difusión final.

SAC: Dices que lo específico de pertenecer a CPS es leer lo que acontece desde el análisis marxista de la realidad. ¿Qué supone esa lectura?

JMGM: El análisis de la realidad desde la lucha de clases contempla esa sangrante injusticia que es la desigualdad social. Unos pocos ricos y una inmensa mayoría de pobres. Ese 1 % de los que vive bien o muy bien, frente al 99 % de la humanidad que vive mal o muy mal. El sufrimiento, la opresión y la violencia que sufren los pobres no son pura casualidad. A eso le llamamos lucha de clases. Se ha abierto una brecha tan asombrosa entre ricos y pobres, que ya es (y será) insalvable durante décadas y quizás siglos. Las muertes de emigrantes en el mar no es producto solo de las mafias No son errores independientes de la voluntad de algunos explotadores. Estas realidades responden a un sistema que se ha hecho global y que ya no se aguanta. Está castigando a la Tierra, a pueblos enteros y a las personas de un modo casi salvaje. Tienen causas concretas que los empobrecidos, la clase trabajadora, va conociendo cada día mejor. La causa profunda de esta situación anida en el sistema capitalista, donde manda el dinero, la codicia y el poder para reprimir. No se trata de una situación de pobreza, producida por los mecanismos mercantiles de la economía, sino de una explotación del trabajo de los pobres, de los campesinos y campesinas, de los hombres del mar, de los parados, de las personas emigrantes, de la sangrante discriminación de las mujeres, etc. Hay que leer la realidad de la historia desde esta óptica, desde la lucha de clases. La historia no es una realidad ante la cual se opta, sino en la cual toda persona antes que nada vive. La vida en sí misma es ya un compromiso. El cristiano y la cristiana están en la historia y, por tanto, participan, en mayor o menor grado, de su ideología de clase, de su análisis más o menos científico de la realidad, de una cosmovisión del mundo, con una visión filosófica o utópica determinada de la realidad. Aquí se desconoce el hecho de que los ricos, los poderosos, son los que hacen pobres a los pobres y que estos no pueden liberarse sin luchar contra la explotación. No son pobres, sino que están «empobrecidos», porque están siendo explotados. Es decir, existe un antagonismo en la sociedad, los pobres forman una clase social que está oprimida, explotada, y los ricos forman otra clase social que oprime y explota.

SAC: ¿Qué opinión te merece la carta encíclica Laudato si’ del Papa Francisco? ¿Y el discurso de julio de 2015 en Bolivia?

JMGM: La Laudato si’ se trata de un duro alegato que señala con severidad la gravedad de los problemas: «La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un depósito de basura» (n.21). «Basta mirar la realidad con sinceridad para ver que hay un gran deterioro de nuestra casa común» (n.61). En esta parte incorpora los datos más consistentes referentes al cambio climático (n.20-22), la cuestión del agua (n.27-31), la erosión de la biodiversidad (n.32-42), el deterioro de la calidad de la vida humana y la degradación de la vida social (n.43-47), denuncia la alta tasa de iniquidad planetaria, que afecta a todos los ámbitos de la vida (n.48-52), siendo los pobres las principales víctimas (n. 48).

En su discurso en Bolivia, Jorge Mario Bergoglio señala: «Necesitamos un cambio positivo, un cambio que nos haga bien, un cambio redentor. Necesitamos un cambio real. Este sistema ya no se aguanta. Y los más humildes, los explotados, pueden hacer mucho. El futuro de la humanidad está en sus manos». En un pasaje que puso la emoción a flor de piel, quiso hacer protagonistas de la salvación del mundo a los más humildes: «¿Qué puedo hacer yo, cartonero, catadora, pepenador, recicladora, frente a tantos problemas si apenas gano para comer? ¿Qué puedo hacer yo artesano, vendedor ambulante, transportista, trabajador excluido si ni siquiera tengo derechos laborales? ¿Qué puedo hacer yo, campesina, indígena, pescador que apenas puedo resistir el avasallamiento de las grandes corporaciones? ¿Qué puedo hacer yo desde mi villa, mi chabola, mi población, mi rancherío cuando soy diariamente discriminado y marginado? ¿Qué puede hacer ese estudiante, ese joven, ese militante, ese misionero que patea las barriadas y los parajes con el corazón lleno de sueños pero casi sin ninguna solución para mis problemas?». A continuación, el Papa, entre aplausos, contestó su propia pregunta: «¡Mucho! Pueden hacer mucho. Ustedes, los más humildes, los explotados, los empobrecidos y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de “las tres T” (trabajo, techo, tierra). ¡No se achiquen!».

Esta encíclica junto con el discurso en Bolivia, suponen una denuncia sin precedentes de un Papa contra el capitalismo. Se alinea con los pobres y les anima a que sean creativos y sigan luchando, «no se achiquen…». En realidad, el Papa no dice nada nuevo, lo nuevo es que lo diga el Papa. Creo que es la primera vez que un pontífice condena el capitalismo claramente.

SAC: ¿Cómo te sientes querido amigo?

JMGM: Me siento muy a gusto conmigo mismo. Me considero un creyente crítico, y se puede decir que soy un heterodoxo, que vivo de mi pensión y que no tengo ninguna propiedad. Hice una opción por los pobres y la llevo a cabo lo mejor que puedo. Estoy divorciado y no me importan las excomuniones de la iglesia católica. A mis 86 años, en medio de mis carencias (veo mal, oigo peor) me siento feliz y contento con lo que tengo y con lo que no tengo. Como decía Unamuno, no quiero morirme, ni «quiero quererlo». Estoy reconciliado con el término «aceptación». Intento armonizar la «resistencia» con la «sumisión», como dice en su libro “Resistencia y  sumisión”, el teólogo protestante Dietrich Bonhoeffer. Soy consciente de que en la vida es necesario reconocer ambas melodías: a las fechas actuales de la «resistencia», marcada por la creatividad intelectual, el vigor espiritual y la deficiente salud física, suele suceder la «sumisión», bien conocida y reconocida por el declive de todo lo anterior. Son días de eclipse, de paulatino deterioro, de pasividad, de lenta e inexorable llegada del final. Un final, la muerte, que acepto, pero que no deseo que venga. Me gusta la escueta definición cristiana de la muerte que nos legó Karl Rahner: «Platz machen», hacer sitio a otros. 

J. M. Castells, J. Hurtado y J.M. Margenat (eds): De la dictadura a la democracia. La acción de los cristianos en España, Descleé de Brouwer, Bilbao, 2005, p. 345.


sábado, 4 de junio de 2016

ELECCIONES, JUNIO 2016

José María García Mauriño

9 de Junio de 2016

 

1,. De qué se trata:

No se trata de “votar”, de echar la papeleta en la urna, sino de elegir un  programa de gobierno

No se trata de votar a un partido o coalición,  sino de elegir un  programa de gobierno.

Para eso, hay que enterarse cuál es el programa de gobierno que se parece más al que cada uno, cada una, desea. O cuál es el programa de gobierno que necesita el país para sacarnos de este atolladero.

Se trata de elegir un gobierno que sea capaz de gobernar la vida de 47 millones de españoles, que sea capaz de crear condiciones de vida digna para todos y todas,  no de elegir lo mejor para los intereses y los negocios de las clases pudientes y adineradas. Es nada menos que la voluntad del pueblo, según el art. 21 de los DH. . “La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto”.  (Art. 23 de la Constitución).

 

Decía Platón (filósofo griego del siglo IV a.c.) “el poder crea leyes  que hacen creer que son para todos”. Y Sócrates: “el poder no puede cumplir las leyes que él misma ha creado”.

 

2.- La situación del país:

La situación del  país es parte de la situación del mundo. En el mundo manda el imperialismo y en España también. Solo 62 personas tienen  tanta riqueza como la mitad de la humanidad, en concreto, 3.580, millones de Seres Humanos. En España, más de 3 millones de personas de las clases medias han bajado a ser clases bajas a causa de esta crisis-estafa. El 22,5 % de la población está en riesgo de pobreza, o sea, 10 millones y medio de personas al borde de la pobreza severa. (INE Mayo 2016).

 

¿Dónde queda esa pretendida “recuperación” económica?

 

El  paro, la exclusión social, la precariedad, la pobreza, son los temas de mayor gravedad. Junto con la Ley mordaza, la LOMCE de la enseñanza,  la ley electoral, la ley laboral, etc. Todo queda bajo el epígrafe de una colosal desigualdad, de tipo económico, político,   social, laboral y cultural.

 

El aumento de las desigualdades, de la pobreza y de la exclusión social en la Comunidad de Madrid es evidente, 927.177 personas (casi el 15% de las personas madrileñas) viven en la pobreza. Siendo 200.000 las familias con todos los miembros en paro. De ellas 300.000 personas padecen privación material severa, y 242.000 menores de 18 años, cerca de uno de cada tres niños y niñas crecen en la pobreza en Madrid.  (Caritas Mayo 2016)

 

Este es el “régimen” en el que estamos metidos.

 

3.- El régimen está en crisis

La crisis del régimen que asola nuestro sistema político encuentra su origen en las dificultades de la oligarquía para gestionar la crisis económica y sus efectos. El desprestigio de las instituciones políticas, desde el Congreso hasta los partidos políticos, está vinculado a la pérdida de legitimidad de quienes han gobernado y dirigido nuestro país durante las últimas décadas. Incapaces de convencer, han tenido que recurrir a la coerción y la represión para mantener el orden -la ley mordaza o la reforma del código penal son expresiones características de ello.

España no es una verdadera democracia, aunque celebre elecciones. Tiene comportamientos propios de una dictadura. Podemos llamarlo “régimen”. El régimen español. O sin medias tintas: la dictadura española. El partido gobernante, heredero del franquismo, ganó unas elecciones avaladas internacionalmente y reconocidas por la oposición, pero tras su victoria  ha estado violando sistemáticamente los derechos humanos: pobreza, paro, desahucios, malnutrición infantil, gente pasando frío y buscando comida en contenedores. También los derechos políticos: ley mordaza, abusos policiales, palizas y disparos que dejan manifestantes tuertos, activistas sociales detenidos y numerosos presos políticos (sindicalistas, huelguistas, independentistas vascos o catalanes) Como toda dictadura, España tiene un régimen corrupto: el partido gobernante ha saqueado regiones y ayuntamientos, y evadido millones al extranjero. La Justicia, controlada por el gobierno, intenta mantener una apariencia de independencia, pero la norma es la impunidad.

Efectivamente, la ciudadanía ya no cree con la misma convicción en las instituciones que hasta ahora han enmarcado la vida social y política de nuestro país. Pero no es una simple cuestión de relato, fe o concepción del mundo. Hay algo más profundo: el agotamiento de las formas con las que la oligarquía de nuestro país se articulaba para garantizar la acumulación de capital, es decir, la buena marcha de la economía. Bajo el modelo de especulación y pelotazo inmobiliario las grandes empresas y grandes fortunas de nuestro país habían casado sus intereses con una élite política corrupta y clientelar,. La profundidad de la crisis económica ha deshecho esa red de intereses, levantando al mismo tiempo una polvareda de casos de corrupción y estafa por todas partes del territorio español.

 

En ese marco de contención de toda protesta popular, el hecho que empiecen a aparecer partidos no completamente alineados con la lógica del capital dominante, con propuestas de gobierno que se atrevan a levantar (un poco) la voz contra el amo imperial, ya es un peligro en este cuadro de situación. Ninguno de los gobiernos que recorrieron Latinoamérica en estas últimas décadas con talantes más o menos “progresistas” (esa palabra confusa que da para todo, aunque nunca se especifique qué es), se propusieron cambios estructurales profundos. Es posible que tampoco en España los partidos “emergentes” pretendan esos cambios.

 

4.-La crisis de régimen se resolverá con ruptura o reforma

El dilema fundamental se centra entre ruptura o reforma. Entre una reforma encaminada a hacer los cambios necesarios para reajustar el Estado a las nuevas necesidades de la acumulación de capital, coincidente con los intereses de las grandes empresas y grandes fortunas, y una ruptura que plantee una alternativa al sistema político y al régimen de acumulación, coincidente con las necesidades objetivas de las clases populares. Se observa que la disyuntiva no es entre un Gobierno de cambio y otro que no lo sea; todos los Gobiernos y alternativas son de cambio. Un proceso político de restauración o reforma es precisamente eso: la salida de la crisis de régimen con un Estado rearticulado, legitimado y funcional a la acumulación de capital en su nuevo tipo.

Las grandes empresas y las grandes fortunas, cuyos beneficios están en juego, han suscrito una hoja de ruta –la de las reformas estructurales neoliberales- que tiene como objetivo recuperar la acumulación de capital sobre la base del incremento de la explotación laboral y la pérdida de derechos sociales. Otra vuelta de tuerca: más privatizaciones, más recortes, más flexibilidad, más desigualdad. Ahora bien, la economía no opera en el vacío, sino en instituciones políticas, que están cada vez más al servicio del gran capital.

5.- El miedo al comunismo

Hay tres partidos políticos -PP, Ciudadanos y PSOE- que agitan ahora la bandera del anticomunismo con objeto de atacar las posiciones políticas de la alianza entre Podemos, IU y las confluencias. Suena a burda y recurrente esta maniobra para usar el miedo como arma electoral, pero esta vuelta a las viejas consignas reaccionarias no deja de ser sintomática.

Dice el catedrático de Literatura Juan Carlos Rodríguez que «lo que debería resultar más sorprendente es sin embargo lo que menos sorprende». Se refiere al hecho de que deberíamos asombrarnos ante un sistema que es capaz de dejar sin trabajo a más de un millón y medio de hogares y sin vivienda a centenares de miles de familias, por citar dos ejemplos. Sin embargo, hemos naturalizado esos dramas estructurales. Decimos la vida es así y seguimos a otras cosas. Pero no es la vida, sino esta vida. Concretamente esta vida bajo el capitalismo. Bajo un sistema regido por un principio básico de maximización de ganancias y que mercantiliza todo a su paso, desde los objetos hasta los seres vivos y los recursos naturales. Un sistema, llamado capitalismo, que nos esclaviza a un nuevo Dios llamado mercado que opera con caprichosos y cambiantes deseos de rentabilidad.

Este es el asunto más incontestable acerca de la actualidad del comunismo. Allá donde haya explotación, habrá lucha, y donde haya opresión, habrá resistencia. No importarán las etiquetas, ni tampoco la diversidad de los sujetos. Allá donde la explotación derive en miseria, desigualdad, desahucios, carencias básicas y otros obstáculos para el desarrollo de una vida en libertad, habrá contestación. En breve, siempre que hay capitalismo, habrá una especie de socialismo como alternativa. Esto es inevitable, llámese como se quiera.

Los partidarios del proceso de restauración o reforma tratan de convencer a las clases populares de la necesidad de que se resignen ante su nueva situación o incluso para que sigan confiando en un porvenir mejor. Mientras eso sucede emergen distintas opciones de ruptura cuyo mensaje político está basado siempre en la protección de las clases populares. Pero la sustancia política es muy diferente si esa opción procede de la derecha o de la izquierda. Del primer tipo estamos viendo un crecimiento espectacular en toda Europa con la proliferación de partidos populistas de ultraderecha, xenófobo y fascistas. Del segundo tipo hemos visto procesos esperanzadores en el mediterráneo, especialmente en Grecia y España. Esta es, sin duda, la batalla política más inmediata: la de la representación política de las clases populares.

 6.- La corrupción:

Con ese caballito de batalla de la corrupción, los partidos que se presentan como no adictos al régimen, como “díscolos”, comienzan a ser bombardeados, perseguidos, hasta que la política de acorralamiento da sus resultados. ¿Alguien se podrá creer todo este montaje? No importa si el hecho en sí mismo es real o no. En la guerra (y esto es una guerra, absolutamente, sin miramientos: ¿quién dijo que  ya han terminado las luchas de clases?) la primera víctima es la verdad. Estamos en guerra, una guerra imperialista que trata de dominar el mundo mediante la acumulación imparable del capital. La verdad es que seguimos en guerra y que la corrupción es una tapadera del Capitalismo puro y duro. La corrupción es, al menos hoy día, algo absolutamente “normal” en las prácticas humanas, propias del sistema. Para un cambio verdadero, el auténtico enemigo a vencer no es la corrupción, sino la injusticia.

Los “Papeles de Panamá” intentan ser como una demostración de ese nuevo “espíritu de transparencia” que ahora pareciera derramarse sobre el continente, con Washington a la cabeza liderando esa “lucha titánica”, ayudando a nuestras “atribuladas” sociedades a salir de ese cáncer putrefacto.

Existen procesos políticos muy débiles, populistas, con poco arraigo popular real,  más allá del “amor” atado a un líder carismático. Partidos que tuvieron algo más de “conciencia social”, pero que no pasaron de un capitalismo de rostro humano, capitalismo keynesiano si se quiere, Se proponen procesos bienintencionados, con reformas superficiales que mejoran en algo las condiciones de vida de las grandes mayorías de la población, pero que no tocan lo esencial en juego: la propiedad privada de los medios de producción. Los grandes capitales bancarios son los que más se han beneficiado, incluidos los de todos los países reformistas (los bancos del sistema nunca ganaron tanto como con estos planteos neoliberales, defendidos finalmente también por los gobiernos de centro-izquierda) ). Así El banco Santander, Caixabank, Popular y Sabadell cerraron el año 2015 con unas ganancias conjuntas de más de 7.593 millones de euros. A ellas habría que sumar los beneficios de Bankia y BBVA, los otros dos grandes bancos de España, los que hasta el tercer trimestre del año pasado habían conseguido unos beneficios de 855 y 1.702 millones de euros, respectivamente, según el periódico Faro de Vigo… Esos partidos o se radicalizan, o caen. La experiencia así lo demuestra. Todos estos procesos, sabiendo que se desenvuelven en medio de una fabulosa, violenta, tremenda guerra llamada “lucha de clases”, no pueden remontar vuelo y proponerse cambios sustanciales si no es tomando distancia de sus raíces, de su pasado histórico.

7.- Un cambio real, no cosmético

Seguimos pensando que un cambio real es algo más que un cambio de formas más o menos cosmético, algo más que repartir con alguna equidad las migajas que no consumen los sectores acomodados; estos pasos tibios son apenas una puerta de entrada. Si pensamos que la dignificación del ser humano es algo más que cobrar un salario “decente”, hagamos nuestra aquella máxima del Mayo Francés de 1968 que reclamaba: “Seamos realistas: pidamos lo imposible”.

 

Estos partidos de centro-izquierda caen, en definitiva, porque no tienen la más mínima posibilidad de imponerse. Y más temprano que tarde, el sistema tiene medios cómo sacudírselos de encima, con este nuevo ardid de la lucha contra la corrupción. Por eso, repito, para un cambio de verdad, genuino, el auténtico enemigo a vencer no es la corrupción, sino la injusticia.

 

8.-Las últimas medidas no son suficientes

Las medidas que se han adoptado en España, como pueden ser los recortes o ajustes estructurales, no han permitido resolver la fragilidad sistémica de la banca internacional, ni recuperar la estabilidad económica, ni crear suficiente empleo ni mejorar las condiciones de vida de toda la población. Todo lo contrario, después de casi nueve años de crisis, la economía mundial vive bajo la amenaza de nuevos latigazos financieros y con la actividad económica bajo mínimos, por no hablar de la crisis ambiental y de la social en muchos países como consecuencia de la situación económica tan precaria.

Los organismos que impulsaron políticas de austeridad que simplemente buscaban concentrar el ingreso en los niveles de renta y riqueza más elevada, han conseguido sus objetivos, pero a costa de aumentar aún más la deuda y de no recuperar el empleo sino de transformarlo en trabajo más precario y con menos derechos sociales asociados. Los más honestos han tenido que reconocer que la justificación teórica que dieron en su día ha resultado un verdadero fiasco.

“Ninguna Democracia ni gobierno electo es perfecto, decía el premio Nóbel de la paz, Pérez Esquivel. Pero no podemos permitir que grupos conspiradores violen la Constitución en nombre de su defensa. Toda Democracia es perfectible si cuenta con participación social. Hoy está en cuestionamiento la democracia delegativa, donde el pueblo vota, queda por cuatro años en estado de indefensión, y los gobernantes hacen lo que quieren y no lo que deben. El desafío actual es pasar de la democracia representativa, a la democracia participativa, donde la sociedad decida sobre los grandes problemas que afectan al país, en vez de los grandes núcleos de poder económico internos y externos. A los pueblos de Nuestra América nos queda la resistencia social, cultural y política para defender los derechos de todos, incluidas nuestras democracias”.

(Pérez Esquivel, Premio Nóbel de la paz. Mayo 2026)

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N.B, La dictadura es una forma de gobierno en la cual el poder se concentra en torno a la figura de un solo individuo o de una élite, generalmente a través de la consolidación de un gobierno de facto, que se caracteriza por una ausencia de división de poderes, una propensión a ejercitar arbitrariamente el poder.

Hay dictaduras y dictaduras. No es comparable la supuesta dictadura de Cuba o Venezuela, con la dictadura de Pinochet en Chile, o la de Videla en Argentina, o la de Somoza en Nicaragua, o la de Franco en España o la de Hitler en Alemania. Estas últimas fueron terriblemente sangrientas, las otras no lo son.


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sábado, 7 de mayo de 2016

EL LAICISMO A DEBATE (5)

POR LA AUTOFINANCIACIÓN DE LA IGLESIA CATÓLICA.

NO AL ACUERDO SOBRE ASUNTOS ECONÓMICOS.  NO A LAS CASILLAS DEL IRPF

 

A pesar de que la Constitución Española declara en su artículo 16.3 la no confesionalidad del Estado, el Acuerdo sobre Asuntos Económicos entre el Estado español y la Santa Sede, fechado en 1979 pero negociado antes de entrar en vigor la Constitución, blinda un privilegiado régimen económico para la Iglesia Católica (IC), cargado de subvenciones directas y exenciones fiscales, en los siguientes términos:

A) SUBVENCIONES.   “El Estado se compromete a colaborar con la Iglesia católica en la consecución de su adecuado sostenimiento económico…” (art. II.1). A esos efectos “el Estado consignará en sus Presupuestos Generales la adecuada dotación a la Iglesia católica, con carácter global y único, que será actualizada anualmente”. (Art. II.4)   ”El Estado podrá asignar a la Iglesia Católica un porcentaje del rendimiento de la imposición sobre la renta o el patrimonio neto u otra de carácter personal (Art: II.2)

B) EXENCIONES FISCALES.  Estarán exentas de impuestos sobre la renta o sobre el consumo todas las publicaciones eclesiásticas, las actividades de enseñanza en seminarios diocesanos o Universidades de la Iglesia, y la compra de objetos de culto. (Art.III)

De igual modo, “la Conferencia Episcopal, las diócesis, las parroquias y las Órdenes  religiosas tendrán derecho a las siguientes exenciones tributarias: (Art. IV)

1- IBI de templos, residencias de obispos y sacerdotes, edificios parroquiales y de la Curia, Seminarios y Universidades eclesiásticas, Conventos y casas de Órdenes religiosas…;

2- Impuestos sobre la renta y sobre el patrimonio (salvo en los casos de explotaciones económicas o de ganancias de capital);

3 -Impuestos sobre Sucesiones, Donaciones y Transmisiones Patrimoniales;

4- Impuesto sobre construcciones y obras

5- Contribuciones especiales sobre los bienes dedicados al  culto o formación religiosa.

C) Otros BENEFICIOS FISCALES. El Art. V recoge que “las Entidades religiosas que se dediquen a actividades religiosas, benéfico-docentes, médicas u hospitalarias, o de asistencia social tendrán derecho a los beneficios fiscales que el ordenamiento jurídico-tributario del Estado español prevé para las entidades sin fin de lucro”

Dicho sistema de subvenciones y exenciones fiscales queda atado y bien atado para el futuro en el Protocolo Adicional al Acuerdo que establece: “Siempre que se modifique sustancialmente el ordenamiento jurídico-tributario español, ambas partes concretarán los beneficios fiscales y los supuestos de no sujeción que resulten aplicables de conformidad con los principios de este Acuerdo”

Importa subrayar también que el citado Acuerdo recoge (Art. II.5) el compromiso de la Iglesia Católica “de lograr por sí misma los recursos suficientes para la atención de sus necesidades”), algo que ha incumplido sistemáticamente desde los primeros años.              

Y que dicho incumplimiento no sólo ha sido tolerado por el Estado, sino que fue enterrado en 2006, cuando un nuevo acuerdo con el gobierno del PSOE le otorgaba a la IC dos nuevos privilegios:  a) aumentar  la financiación por la vía del IRPF de los ciudadanos, pasando del 0,52% al 0,7% del impuesto de la renta; y b) eliminar el citado compromiso de autofinanciación progresiva de la IC. Lo pactado en 1979 quedaba, de facto, vulnerado.

¿Qué significa todo ello en términos económicos y políticos? Pues que todo este conjunto de transferencias dinerarias y de exenciones suman una cifra no inferior a los 11.000 millones de €/año que el Estado otorga o perdona al conjunto de las entidades de la IC; que el conjunto de los beneficios fiscales aludidos (suponen unos 2.500 millones de euros) permite considerar a la IC como un verdadero ‘paraíso fiscal’, tanto por lo que deja de tributar directamente como por las desgravaciones fiscales que disfrutan los ciudadanos que hacen donativos a las diversas entidades de la IC; y que todo este privilegiado régimen  económico pone en entredicho la aconfesionalidad del Estado español  y lo sitúan, de facto, al nivel del Estado franquista del Nacionalcatolicismo.

En este contexto de subordinación del Estado al poder del Catolicismo, creyentes y no creyentes nos enfrentamos estos días a la campaña de Declaración de la Renta y a la campaña “X tantos que necesitan tanto” de la Conferencia Episcopal, como uno de los instrumento de financiación de la IC. 

Las Cristianas/os de Base de Madrid (CCBM) nos seguimos cuestionando si es éticamente admisible este tipo de privilegios en medio de tanta pobreza social. Más aún cuando observamos cómo esa campaña eclesiástica apela a la caridad: “atender a los que necesitan tanto”, dice el eslogan. Pero ¿todos los que necesitan tanto encuentran respuesta en la IC? ¿No es, más bien, responsabilidad del Estado implantar políticas sociales que atiendan las necesidades de toda la ciudadanía? ¿No será mejor mecanismo para redistribuir la riqueza, poner en marcha la justicia fiscal, antes que apelar a la caridad?

Y, si nos preguntamos en qué medida responde al evangelio de Jesús esta posición de privilegio de la IC en España, la respuesta no puede ser más deprimente. La IC institucional  es inmensamente rica (tiene mayor patrimonio que el propio Estado), no está sufriendo la crisis,  disfruta de un verdadero paraíso fiscal, inmatricula a su favor bienes de propiedad colectiva y, además, mantiene absoluta opacidad en sus cuentas. Esta situación, que muchos consideran incluso ilegal,  es, desde luego, antievangélica.

De todo lo cual se deduce que para los cristianos/as sigue siendo una prioridad política  la denuncia y derogación de los actuales Acuerdos con la Santa Sede; que la jerarquía de IC debe dar pasos firmes y urgentes para asumir el compromiso de autofinanciación, renunciando a sus hirientes privilegios; y que los ciudadanos, además de empujar en esa dirección, debemos hoy afrontar nuestra Declaración de la renta, dejando en blanco las casillas de asignación tributaria que se nos presentan (ya sólo las marcan un tercio de los declarantes), para que los impuestos de todos sean destinados a satisfacer las necesidades de todas las personas, sin distinción de credos o adscripción ideológica.

                           ¡NO A LAS CASILLAS EN LA DECLARACIÓN DE LA RENTA!

sábado, 23 de abril de 2016

SARTRE . UNA LIBERTAD ATORMENTADA



José María García Mauriño
14 de Abril de 2016

1.- Quien es Jean Paul Sartre:
Es un filósofo existencialista francés del siglo XX que nace en París en 1905. Cuando muere su padre de muy niño, se ocupan de su educación su madre y su abuelo. Niño solitario e introvertido, mostró desde el comienzo de sus estudios un vivo el interés por la literatura y una brillante capacidad expresiva. Obtiene su licenciatura en Filosofía en 1929 y ejerce de profesor de esta materia en diversos Institutos. Conoce a Simone de Beauvoir (escritora y pensadora que escribió "El segundo sexo" de extraordinaria y profunda reivindicación femenina) que será su compañera inseparable durante toda su vida. En 1939 se incorpora al ejército francés, siendo hecho prisionero de los alemanes en 1940. Forma parte del movimiento "Resistencia" frente a la ocupación de los nazis. Funda la Revista "Tiempos  Modernos". Terminada la Guerra tiene una enorme actividad literaria, escribiendo ensayos, teatro y novela. Es un escritor tremendamente activo y comprometido. En 1964 la conceden el Premio Nóbel de Literatura, que él rechaza para seguir afirmando su independencia y autonomía frente a cualquier posible denuncia o complicidad. Muere en París en 1980.

Sus obras principales:    Filosóficas: El ser y la nada (1943).   Crítica de la razón dialéctica (1960).
El existencialismo es un humanismo (1945).Literarias:   La náusea (novela; 1938).Los caminos de la  libertad (novela; 1949) La puta respetuosa (teatro; 1946) Las manos sucias (teatro;1948).

2.-Antropología existencialista: Sentido de la existencia humana:
El existencialismo de Sartre contempla al ser humano (SH) como una unidad cuyo ser consiste en la libertad. Nada de dualismos de cuerpo y alma, nada de separaciones abstractas de espíritu y materia: el SH es un existente en un mundo concreto. Reduce su ontología (tratado del ser) a antropología (tratado del SH) y ésta la trata de forma existencial: el primer principio del existencialismo es lo que de llama subjetividad.

Algunos rasgos fundamentales:
1) SH, es existencia antes que esencia.
Antes de definir quien es, sitúa al ser humano en el mundo concreto en el que vive. Su esencia será el resultado de los sucesivos actos de libre elección que ha ido realizando durante su vida. El se va proyectando en el acontecer de sus distintos avatares. Desde el momento que se disuelve el problema del ser en el del existir, se caracteriza al SH como proceso abierto y nunca concluido.
El pensamiento existencialista subraya el valor de la existencia humana concreta, no la abstracta: prefiere hablar de Pedro en particular, que del 'SH' en general. El existir cotidiano individual es lo primero que tenemos que tener en cuenta: es lo que existe de verdad, el que está ahí en el mundo, en la realidad que nos tropezamos todos los días.     El sentido que tiene la vida humana, no es una generalización abstracta; se trata de la orientación que cada uno queramos darle a nuestra propia existencia. Cada uno elige su manera de vivir, no ha elegido el existir o no existir, eso no está en nuestra mano. Pero, la forma de vivir, sí depende de nuestra libre elección. Cae dentro de las posibilidades del entorno social e histórico en el que cada uno desarrolla su vida. Y dentro de las distintas posibilidades que tenemos, preferimos unas y rechazamos otras. Es el ejercicio de la libertad; el SH es esencialmente libertad.

2) El SH es un  proyecto:
El SH es un ser proyectado, no programado; y este proyecto tiene que irse realizando en distintas situaciones concretas, pagando por ello el precio de perder otras muchas posibilidades que jamás van a poder ser realizadas. El SH es al mismo tiempo actor y autor de su propia historia. Solamente cuando asume esa enorme responsabilidad histórica en su existencia concreta de cada día es como se encuentra consigo mismo, es como va construyendo una existencia auténtica.

3) El SH es un ser arrojado a este mundo
El SH se ve como arrojado en un mundo concreto con el que se encuentra al nacer, en un mundo que él no ha hecho ni elegido, que otras generaciones lo han creado; y entonces, las cosas, las personas, las situaciones concretas, son las que le condicionan o interpelan la existencia real y concreta, y son las que le hacen tomar decisiones para crear así su futuro, ir realizando su vida, su existencia humana.

4) El SH es un ser angustiado por la muerte
La muerte es, ciertamente, el fin de la existencia; pero, no es el resultado final de un proceso que ha llegado a su plenitud, que ha alcanzado la meta; no es algo así como la cesación de algo que está ahí: la lluvia que cesa, el curso que se acaba, el tren que llega a la última estación. No es un suceso que me llega desde fuera: soy yo íntimamente entrelazado con mi propio fin. Yo llevo en mi entraña la capacidad de acabar, la posibilidad de mi propio fin, yo soy un ser-para-la-muerte, la muerte pertenece a la estructura constitutiva de mi existencia.

3.- El pensamiento de Sartre:
No sabemos a priori qué es el SH. «El SH, tal como lo concibe el existencialista, si no es definible, es porque empieza por no ser nada. Recordemos que su obra fundamental es “El ser y ka nada”. Sólo será después, y será tal como se haya hecho (...) El SH es el único que no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere hacer».

         El SH es libertad
         El SH es responsabilidad.

- El SH es libertad: la libertad no es un problema filosófico, abstracto, puramente académico. Es un hecho intrínsecamente unido a la misma existencia de todo SH: Sartre considera al SH por su libertad, no por otra cosa: considera que cada acto humano se valora, no por su eficacia, sino según el grado de libertad con que se efectúa. Cada SH vale éticamente, no por formar parte de estructuras sociales o económicas o normas establecidas, sino por la capacidad que tiene de hacer uso de su propio poder de elección. La soberana autarquía de una libertad ilimitada, para la que todo está permitido con tal de que se ejerza.

- El SH es responsabilidad: si realmente la existencia es antes que la esencia, el SH es responsable de lo que él es, de lo que él se va haciendo, realizando; así, el primer paso del existencialismo es poner a todo SH en posesión de lo que es, y hacer descansar sobre él la responsabilidad total de su existencia. No depende de Dios, sino de sí mismo. El existencialismo es ateo. Y no solo depende de su estricta individualidad personal, sino que a través de las sucesivas elecciones, se va haciendo responsable de toda la humanidad, al ir eligiendo un tipo de SH determinado. Puede elegir un tipo de SH pacífico, o un tipo de SH violento, uno comprometido y otro que es un pasota, por ejemplo.

4.- La ética en  Sartre:
La moral existencialista parte de lo que puede ser el SH. El SH no es nada antes de irse realizando poco a poco, y conforme  se va construyendo a golpes de decisiones libres que producen angustia porque nunca sabremos si son las acertadas o no. No podemos elegir a priori lo que hay que hacer.  El SH se va haciendo al elegir en cada momento su moral, sus valores y se compromete en cada acción consigo mismo y con la humanidad. Va eligiendo el modelo de SH que quiere construir. Decisiones que no puede dejar de hacer, porque el SH está condenado a ser libre, nunca podemos dejar de tomar decisiones.

Las decisiones se toman teniendo en cuenta a los otros. Estamos constantemente en presencia de los otros, hasta en el momento en que nos acostamos y nos dormimos, pues los otros están ahí, aunque sea bajo la forma de objetos; si estoy a solas en mi habitación, en forma de recuerdo, de una carta abandonada en mi escritorio, de la lámpara que ha sido hecha por alguien, del cuadro que ha sido pintado por alguien; en una palabra, los otros siempre están ahí y me condicionan. Por tanto, mi respuesta, no es solamente una respuesta mía, sino que ya está condicionada por los otros desde el nacimiento, es una respuesta de carácter moral.

La moral de Sartre dice que no podemos decir a priori lo que hay que hacer. El SH se hace al ir eligiendo su moral, sus valores, En cada elección se compromete con la Realidad  con sus circunstancias concretas. Por eso, no podemos juzgar a nadie, cada cual tiene sus circunstancias personales. Dice que es mala fe si decide algo porque se lo imponen. La coherencia consigo mismo es buena fe. En su desamparo solo puede querer una cosa, la Libertad, como fundamento de todos los valores, es un ser libre que no puede querer otra cosa que la Libertad de los otros.
(Leer el ejemplo de la elección de un discípulo suyo, pag, 22 del texto ·”el existencialismo es un humanismo”).

5.- Conclusión:
Sartre resume su filosofía en estas dos afirmaciones:

a)     Existencia auténtica:
La existencia auténtica del SH  se caracteriza por vivir de acuerdo con su propio ser, por tener conciencia de su propia limitación. Y en el extremo de su limitación se sitúa el límite de su existencia que es la muerte. El SH auténtico no se escabulle de la presencia de la muerte, de la angustia de la nada. Mi existencia no es otra cosa que ir al encuentro de la muerte. Ante tal realidad se derrumba la propia tranquilidad, y el SH se ve abocado a la angustia y a la nada. Esta experiencia es un privilegio exclusivo del SH auténtico ante la conciencia de la muerte y el sentimiento de la nada. La angustia es un fenómeno común a todos los seres humanos.

Cuando el SH piensa sobre su existencia concreta, cuando tiene conciencia de su situación, vive en la angustia, entonces se despierta de todas las falsas ilusiones y seguridades, de su situación masificada, y empieza a verse a sí mismo en su auténtica desnudez; entonces se ve conducido a una opción radical: toma la personalísima decisión de realizarse a sí mismo, frente al absurdo del mundo sin sentido que le rodea. Es decir, la existencia auténtica es la realización de la libertad de elección.

La existencia auténtica es la que hace  que el SH no huya d sí mismo. La que va tomando decisiones en la soledad de su Yo, siempre teniendo en cuenta la realidad que le rodea y en la que está implicado. La que asume el riesgo de equivocarse, de no acertar con lo mejor por no tener todos los datos de la realidad en  su mano. Pero, se mueve no se queda quieto, inmóvil, no espera sentado a que pasen cosas, o a que otros le digan lo que tiene que hacer (su madre, los amigos, la TV). Es el que se enfrenta a la realidad, a la que hace frente, no huye. Se trata de una Libertad un tanto atormentada, que vive la angustia, el riesgo de vivir. Pero lo hace con una cierta gallardía. No es una existencia resignada que acepta pasiva y fatalmente los avatares de la vida. Ante la angustia de la muerte inevitable, opone el hermoso riesgo de vivir.

   En resumen: la existencia auténtica viene dada porque el sujeto afronta libremente su existencia real, el sinsentido del mundo, el absurdo de la muerte, y adopta una respuesta absolutamente personal, creadora de valores propios. La existencia auténtica es la realización de la libertad de elección: elegir siempre el ser, el existir, la Vida.

b)    Existencia no auténtica.
La existencia in-auténtica es la propia del sujeto que renuncia a la libertad de elegirse a sí mismo, de decidir su propia realización, y adopta respuestas mecánicas, anónimas, estereotipadas; se limita a hacer lo que siempre se ha hecho, a pensar “como Dios manda”, o sea, a una vida arrastrada por la corriente de este mundo, llena de la imparable oferta del consumo, una vida más o menos vegetativa, falsa, llena de ruidos, inquieta, anodina. El mundo tecnificado se impone hoy, con su alocado proceso de masificación. Es la consecuencia en gran parte del olvido del Ser. Incluyendo el ser de la naturaleza. El  mal que nos aqueja y que amenaza con arrasar violentamente a la humanidad es enteramente metafísico más que político. No se trata, pues, de un juego de niños; la recuperación del Ser no es un entretenimiento de filósofos de salón. Nos jugamos el porvenir de la humanidad.

    Se podría caracterizar este tipo de existencia, por los siguientes elementos:
- anonimato: ignorado, desconocido, disuelto entre la masa;
- mediocridad: hacer lo que la gente hace, decir lo que la gente dice, etc.;
- frivolidad: prefiere la charlatanería fácil, superficial o curiosidad banal;
- irresponsabilidad: no se plantea nunca los problemas reales, ni piensa las posibles so­lu­ci­o­nes que le exigen el esfuerzo de la decisión, tampoco prevé las consecuencias o implicacio­nes posteriores;
- inconsciencia: evadirse de la realidad de la muerte y de los grandes interrogantes de la existencia humana; anodino: insípido, insulso, insustancial, trivial, vulgar.

En resumen,
Sartre es un gran maestro, nos coloca frente a nosotros mismos. Estamos condenados a ser libres. No podemos nunca dejar de elegir. La Libertad es el valor fundamental de su ética. Una libertad atormentada por la angustia de tener que decidir cada día, en cada momento, lo que creemos que es lo mejor, teniendo como horizonte la muerte, pero que tiene la gran satisfacción de hacerse uno a sí mismo, tener su propia personalidad, una personalidad fuerte, asumiendo constantemente en su existir diario, la propia debilidad y la presencia de los otros, todos los que nos rodean.

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Seguridad y desamparo
(Pagina 22 de su obra “El existencialismo es un humanismo”.)
“Para dar un ejemplo que permita comprender mejor lo que es el desamparo, citaré el caso de uno de mis alumnos que me vino a ver en las siguientes circunstancias: su padre se había peleado con la madre y tendía al colaboracionismo; su hermano mayor había sido muerto en la ofensiva alemana de 1940, y este joven, con sentimientos un poco primitivos, pero generosos, quería vengarlo. Su madre vivía sola con él muy afligida por la semi traición del padre y por la muerte del hijo mayor, y su único consuelo era él. Este joven tenía, en ese momento, la elección de partir para Inglaterra y entrar en las Fuerzas francesas libres es decir, abandonar a su madre o bien de permanecer al lado de su madre, y ayudarla a vivir. Se daba cuenta perfectamente de que esta mujer sólo vivía para él y que su desaparición y tal vez su muerte la hundiría en la desesperación. También se daba cuenta de que en el fondo, concretamente, cada acto que llevaba a cabo con respecto a su madre tenía otro correspondiente en el sentido de que la ayudaba a vivir, mientras que cada acto que llevaba a cabo para partir y combatir era un acto ambiguo que podía perderse en la arena, sin servir para nada: por ejemplo, al partir para Inglaterra, podía permanecer indefinidamente, al pasar por España, en un campo español; podía llegar a Inglaterra o a Argel y ser puesto en un escritorio para redactar documentos. En consecuencia, se encontraba frente a dos tipos de acción muy diferentes: una concreta, inmediata, pero que se dirigía a un solo individuo; y otra que se dirigía a un conjunto infinitamente más vasto, a una colectividad nacional, pero que era por eso mismo ambigua, y que podía ser interrumpida en el camino. Al mismo tiempo dudaba entre dos tipos de moral. Por una parte, una moral de simpatía, de devoción personal; y por otra, una moral más amplia, pero de eficacia más discutible. Había que elegir entre las dos. ¿Quién podía ayudarlo a elegir? ¿La doctrina cristiana? No. La doctrina cristiana dice: sed caritativos, amad a vuestro prójimo, sacrificaos por los demás, elegid el camino más estrecho, etc., etc. Pero ¿cuál es el camino más estrecho? ¿A quién hay que amar como a un hermano? ¿Al soldado o a la madre? ¿Cuál es la utilidad mayor: la utilidad vaga de combatir en un conjunto, o la utilidad precisa de ayudar a un ser a vivir? ¿Quién puede decidir a priori? Nadie. Ninguna moral inscrita puede decirlo. La moral kantiana dice: no tratéis jamás a los demás como medios, sino como fines. Muy bien; si vivo al lado de mi madre la trataré como fin, y no como medio, pero este hecho me pone en peligro de tratar como medios a los que combaten en torno mío; y recíprocamente, si me uno a los que combaten, los trataré como fin, y este hecho me pone en peligro de tratar a mi madre como medio.”  
 Una difícil elección.    

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